Cristóbal Gabarrón traslada a Valencia el fantasma de La Alhambra

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El polofacético creador levanta 16 torres, en La Ciudad de las Artes y las Ciencias, hasta el próximo 6 de noviembre
El polifacético creador levanta 16 torres, en La Ciudad de las Artes y las Ciencias, hasta el próximo 6 de noviembre

El ojo vigilante del monumento ideado por los primeros reyes de los Ziritas contempla desde su ubicación natural, con la vanidosa prestancia de los que roban luminosidad al Astro Rey, la faz cansada de la ciudad de Granada a través de las centurias. Así, suspendida en el pozo de la inmortalidad, la urbe andaluza peina las canas del tiempo; mientras lucha con uñas y dientes para rendir constante tributo a su joya arquitectónica: la misma que contesta ufana a los miles de visitantes con el diálogo continuo de sus muros historiados, de alabastros deudores de la maestría constructora y virguerías ilustradas con la poesía del existencialismo multicultural. Una fortificación con signos de palaciegos monárquicos cuyos contornos y fisonomía comenzaron a crecer incólumes en el lejano siglo IX, una era de reconquistas peninsulares y diversificación étnica.

A ese edificio, maravilla de un mundo en guerra que necesitaba remansos de serena belleza y tranquila armonía compositiva, es al que regala su homenaje escultórico, hasta el próximo 6 de noviembre, Cristóbal Gabarrón –creador murciano de nacimiento y vallisoletano de educación pictórica-. Y lo hace con la generosidad de una propuesta ajena al elitismo museístico, mediante una exposición pública y disfrutable con los cinco sentidos; conformada por dieciséis elevaciones titánicas, que muestran su polícroma visión en el paseo conocido como El Umbracle, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.

Las figuras del polifacético autor son como testimonios seriados de su pasión por captar las experiencias sensibles transmitidas por La Alhambra; tamizadas por su concepción de una modernidad que se asienta en un modelado de esencia humanista, y en la aceptación de la globalidad que alberga cada una de las estancias del monumento en el que Boabdil lloró amargamente su exilio obligado. Cada una de las elevaciones pergeñadas por el aclamado muralista se convierte en una especie de recreación material y tangible, de las evocaciones desbordadas en el cerebro de Gabarrón hacia el inmueble que enlaza la espiritualidad del Cristianismo y del Islam.

Las 16 “Torres de la Alhambra” que reúne esta particular y sorprendente exposición, cuya comisaria es la experta Margarita Prieto, da fe del eclecticismo estético de un pintor, grabador, escultor y muralista influenciado sobre todo por sus ansias de experimentar a través de las emociones, con resonancias comunes hacia la alegría cognitiva de Jeff Koons; pero con los pies posados con suaves huellas encima de la tradición universalista del Arte contemporáneo.

Comares, De las Infantas, De las Damas, De la Justicia, De la Rauda… estas son algunas de las denominaciones de los pináculos poliédricos colocados en el asfalto valenciano, que exhiben su carácter cambiante conforme la hora del día o de la tarde en la que se contemplan; justo como los exteriores de La Alhambra. Metamorfosis y permanencia: los dos extremos de la percepción se funden con soltura y determinación en las obras de Cristóbal Gabarrón, a las que otorgan nuevos discursos tanto las jornadas soleadas, como los contextos tormentosos; la claridad de las madrugadas en barbecho, como la nocturnidad de las ánimas de los penitentes.

Pero no todo es material en fibra de vidrio policromada dispuesta en extensiones aproximadas entre 3,55 y 6,10 metros de altura en el trabajo del amante del olimpismo: la palabra escrita también reclama su protagonismo en la muestra del artista de Mula. De esta forma, el conjunto de las torres dobladas por curvas sustanciosas está acompañado de poemas, que remiten a los que literalmente cubren los paneles estucados de La Alhambra. Los versos de Ibn al-Yayyab, Ibn al-Jatib e Ibr Zanmark se dan cita en El Umbracle por la mano de Gabarrón. Sin embargo, el creador español ha querido incluir en este reconocimiento los nombres de algunos compatriotas grandes en eso de enlazar letras magistrales, como los de los sobresalientes Ángel González, Juan Goytisolo y Clara Janés.

Adentrarse en semejante bosque multicolor, propuesto por el maestro murciano, retrotrae la mente y las emociones del paseante a las transmitidas tras recorrer los salones del inmueble granadino, del que pretenden ser reflejo. Un hermanamiento atmosférico cuya profundidad de campo no la otorga simplemente la espectacularidad de los dólmenes esculpidos; sino las implicaciones sensitivas de más de una decena de piezas dispuestas para el goce constante y supremo de cualquier hombre, mujer o niño.

Más información en http://www.alhambra.gabarron.org

http://www.gabarron.net

Nota.- Las imágenes usadas para este artículo tienen el copyright de http://www.alhambra.gabarron.org y del artista Cristóbal Gabarrón.

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