Arctic Monkeys prenden la llama de la rebeldía con su cuarto CD

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Los autores de "When The Sun Goes Down" persentarán en el FIB las canciones de su nuevo álbum
Los autores de "When The Sun Goes Down" persentarán en el FIB las canciones de su nuevo álbum

Los “monos” de Sheffield (Inglaterra), representantes sin tregua de los sonidos guitarreros y de las muchas horas de intuición compositiva, regresan al circo mediático con un álbum de estudio, que saldrá el próximo 6 de junio bajo el sugerente título de Suck It And See (mejor es ahorrarse la traducción). De esta forma, la mochila curricular de los que eclipsaron la actualidad Brit en el inicipiente lustro de la pasada década completan su particular tetralogía; en la que se pueden observar los rasgos distintivos, de los vertiginosos ascensos al trono iconográfico de los pentagramas de la modernidad (siempre más figurados que literales).

Después de que en 2009 los seguidores de Arctic Monkeys tomaran constancia del giro menos salvaje de la banda norteña, con el tibio Humbug (pese a ello, el disco mostraba tonadas que guardaban parte del desgarbo sonoro de antaño, como lo reflejan Crying Lighting y Cornerstone); Alex Turner  (Guitarra y voz), Jamie Cook (Guitarra y coros), Matt Helders (Batería) y Nick O’Malley (Bajo) se han puesto de nuevo en las manos del veterano productor James Ford (con el que ya colaboraron en el anterior trabajo) para capitanear un barco compuesto por doce temas, de los que solamente han trascendido a las ondas de internet el enérgico track Brick By Brick y el interesante corte bautizado como Don’t Sit Down ‘Cause I’ve Moved Your Chair’.

Ha llovido mucho desde el lejano 2001, cuando dos chavales de una barriada obrera de las islas –para más inri en unas latitudes no muy halagüeñas desde el punto de vista del reparto del capital en Reino Unido- llamados Alex y Jamie pidieron a sus papás -por navidad- un instrumento musical, con el que colmar sus ansias de sentirse diferentes en medio de un paisaje algo rutinario. Sus progenitores, o Santa Claus, les hicieron caso; y les regalaron a ambos sendas guitarras, con las que los entonces amigos –hasta la fecha actual, siguen conservando tal relación- aplacaron sus mensajes de rebelión generacional. Sin apenas saber lo que era un punteo como mandan los cánones del rock más señero, los chavales aprendieron a hacerse notar a base de oído y muchas ganas por salir adelante, entonando versos surgidos de su entorno más inmediato. Pronto, se unieron a la pareja de artistas en ciernes otros jóvenes con similares inquietudes: en concreto, Matt Helders, Andy Nicholson y un descartado Glyn Jones. Y así nacieron para el planeta Tierra Arctic Monkeys.

El cuarteto de súbditos de Isabel II de Inglaterra debutó en directo ante sus colegas en 2003, en The Grapes; mientras iba dejando constancia de sus ideas pautadas a modo de pistas -y como cancionero- en los Yellow Arch Studios, de Neepsend (¿serán algún día como los Abey Road de The Beatles?). De esa manera, mezclando actuaciones y melodías grabadas, el equipo de trovadores del siglo XXI alumbró en 2005 el EP, tildado de post-punk-revival, Five Minutes With Arctic Monkeys. Un exitoso proyecto hecho realidad que precedió a su álbum de inicio en la senda rockera: el brillante Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006).

Turner y sus guerreros tenían muy claro desde el principio que, si querían sobrevivir en la jungla sinfónica, debían evitar venderse a las grandes discográficas. Y cumplieron con su filosofía al firmar con un sello de escaso calado internacional, como era el familiar Domino Records (manejado con pretendido individualismo por el inteligente Domino Laurence Bell).

Whatever… fue todo un pelotazo en la escena del British underground, en la que se repartían el imperio de ganancias y beneplácitos nombres tan consagrados en los templos indies como los de Franz Ferdinand, Kaiser Chief y Bloc Party. Pero Arctic Monkeys tenían a su favor la impostura de la bisoñez; esa característica que provoca que la genialidad acabe silenciada por la frescura de los estribillos, y el vitriolo de unas letras marcadas por el desánimo y la asfixia. Desde su sencillo de arranque, el supuestamente hedonista I Bet You Look Good On The Dancefloor, los oyentes fueron testigos de la irrupción de algo distinto, de una propuesta que alternaba el extenuante metal de sus instrumentos con reflexiones sobre la incomunicación, todo ello regado con la paradoja de concitarse en la era de las redes sociales y la globalidad de internet.

Whatever… se colocó en los puestos de honor de las listas de Gran Bretaña, y en el Billboard estadounidense; además de conseguir situar a Arctic en la estela de las preferencias de mass media tan selectos como la revista NME, que llegó a calificar al disco como el quinto álbum británico mejor de todos los tiempos.

Tras un comienzo tan fulgurante, el 24 de abril de 2006 vio la luz el EP Who The Fuck Are Arctic Monkeys?; un trabajo en el que la banda renegaba en parte de las menciones y premios obtenidos con su anterior CD. Estos escrúpulos de identificación humana coincidieron con la retirada de la banda del bajista Andy Nicholson, y la contratación del ex de The Dodgems: Nick O’Malley. Seguido a este aperitivo, salió a la venta Favourite Worst Nightmare (2007), que incluía composiciones tan reveladoras como Brianstorm.

Tres años esperaron los de Sheffield para grabar su tercer disco, Humbug; y lo hicieron en Estados Unidos apadrinados por Queens Of The Stone Age y el líder de estos, Josh Homme.

Sin embargo, más allá de los álbumes de estudio, la fuerza de Turner y sus muchachos se encuentra en el directo. Sin sus conciertos, la formación habría perdido sus señas de identidad, en medio de la apatía y la mercadotecnia. La vitalidad que supone ofrecer las actuaciones cara a cara con su público -sin trampas generadas en las mesas de mezclas- es lo que explica el triunfo de las tesis de Arctic Monkeys: unos músicos a los que la intuición, y sus ganas de convertirse en potentes voces contra la hipocresía social, les ha otorgado una notoriedad que no está al alcance de la gran mayoría de los mortales.

Las influencias punk, viscerales y atronadoras, de los “monos” de Sheffield podrán ser degustadas en su salsa en tierras españolas con la celebración del FIB de Benicassim (Castellón), que se celebrará entre el 14 y el 17 de julio. Junto al cuarteto británico,  bandas del tipo de The Strokes y Primal Scream harán las delicias de los que se pasen este año por el famoso certámen.

Más información en http://www.arcticmonkeys.com

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