La milla verde de Werner Herzog

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El realizador centroeuropeo graba, en USA, la realidad de un grupo de condenados a la pena capital
El realizador centroeuropeo graba, en USA, la realidad de un grupo de condenados a la pena capital

¿Existe la maldad en estado puro? Cuando alguien se asoma tras las rejas de las prisiones de máxima seguridad, es más que posible asegurar que así es. Encerrados en jaulas de metal y uniformados con monos de colores llamativos, los monstruos más temibles de Estados Unidos -escondidos bajo la máscara de la humanidad fronteriza- conviven hacinados en un pasillo macabramente muestral: recorrido que aloja, cual museo de los horrores, a los presos definidos como criminales sin remisión; los que están a la espera -con hora y día señalados- de caer en manos de la Dama de la Guadaña, por mediación de la denominada inyección letal.

Los extremos del alma humana siempre han llamado la atención al responsable de "Nosferatu"
Los extremos del alma humana siempre han llamado la atención al responsable de "Nosferatu"

El director alemán Werner Herzog (Múnich, 1942) ha paseado su cámara por el corredor de la muerte de un centro penitenciario de Texas, para adentrarse en la psique de los que están obligados por un juez a pasar a mejor vida a causa de sus execrables crímenes. El resultado de sus análisis y reflexiones han dado como fruto el intenso documental titulado Death Row, un filme que trae a la palestra de la actualidad cinematográfica a un creador polémico e imprescindible en la historia del séptimo arte.

Con Klaus Kinski firmó algunos de sus mejores trabajos
Con Klaus Kinski firmó algunos de sus mejores trabajos

Megalómano y neurótico, el componente pasional de Herzog es lo que le ha llevado a apostar por grabar los últimos pensamientos de los hombres que conocen su fecha de caducidad en este mundo; de seres que circulan con el sabor constante del miedo que causaron en sus orgías pasadas de sangre y violencia, cuando la ferocidad de la bestia residía en sus entrañas.

En "Fitzcarraldo", Kinski interpretó una especie de alter ego del cineasta
En "Fitzcarraldo", Kinski interpretó una especie de alter ego del cineasta

El cine del autor de Cobra verde es un continuo viaje a base de fotogramas hacia la locura constante. Sus epopeyas estrenadas en las salas hablan de personajes abandonados a los demonios de la realidad, a la psicodelia de las alucinaciones provocadas por las drogas cromosomáticas que anidan en los circuitos del adn y en las membranas cerebrales.

Quizá, el amor declarado por el germano hacia los montajes operísticos haya determinado esa naturaleza voluntariamente  insana de la producción audiovisual del bávaro. Ya desde sus inicios, sus experiencias al frente de espectáculos del Bayreuth y la Scala de Milán le sirvieron a Herzog para construir un universo escénico espasmódico, generado a partir del shock emocional de imágenes diseñadas para incomodar al espectador. Justo lo que seguramente anhela alcanzar con el visionado de Death Row.

La relación entre Klaus y Werner llegó muchas veces a las amenazas a la integridad física
La relación entre Klaus y Werner llegó muchas veces a las amenazas a la integridad física

Ante propuestas semejantes de ruptura con la tradición, las obras del compatriota de Richard Wagner causaron sensación en la cinematografía de los años sesenta y setenta, décadas en las que el artista de las cámaras descargó lo más sobresaliente de su caudal fílmico. En esos tiempos de extravagancia y desparrame creativo, el muniqués se asoció con un actor irrepetible y maleable en sus propósitos de reflejar en la pantalla la psicosis de individuos embarcados en esquizofrenias galopantes; este era el polaco Klaus Kinski. Ambos colaboraron en un número considerable de películas; aunque -debido al temperamento de la pareja- muchos de los rodajes estuvieron a punto de acabar en tragedia. Aguirre, la cólera de Dios (1972), Nosferatu, el vampiro de la noche (1979), Woyzeck (1979) y Fitzcarraldo (1982) son algunos de los títulos más recordados de tan maléfica unión profesional.

Las décadas de los setenta y el comienzo de la de los ochenta marcaron el esplendor en la carrera del muniqués
Las décadas de los setenta y el comienzo de la de los ochenta marcaron el esplendor en la carrera del muniqués

Aunque, en ese periodo de grandeza inspiradora, Herzog también firmó cintas sin Kinski que coparon menciones en festivales y sesiones de cine fórums. La más llamativa en este terreno fue la excepcional El enigma de Gaspar Hauser (1974); una rememoranza fiel de los sufrimientos de un famoso individuo del siglo XVIII, que fue encerrado desde su niñez sin compañía alguna.

Los ochenta, pese a comenzar con la sensacional y psicótica Fitzcarraldo (el director dio el físico de su alter ego Brian Sweeney Fitzgerald a su amado/odiado Klaus Kinski, en 1982), marcaron el inicio del fin de la estela más celebrada internacionalmente de Werner Herzog. Tal fue el declive en el campo de ficción, que el cineasta acabó decantándose cada vez más por el género del documental.

El remake "Teniente corrupto" fue una de sus últimas cintas de ficción
El remake "Teniente corrupto" fue una de sus últimas cintas de ficción

Sin embargo, el alemán nunca descartó la posibilidad de ejecutar largometrajes con intérpretes ficticios, sobre todo cuando el proyecto merecía la pena. Eso sucedió, por ejemplo, con Invencible (la vida del mentalista Hanussen bien mereció una película en 2001) y con El teniente corrupto (remake de la homónima cinta de Abel Ferrara, que el realizador de Grito de piedra montó en 2009).

No obstante, la efervescencia artística del responsable de Corazón de cristal necesitaba recuperar parte de los enfoques de angustiosa fantasía de épocas pretéritas; algo que le llevó a enlazar su cine con la realidad circundante sin caer en la docilidad de lo rutinario. Así lo manifiesta su viaje a la Antártida inmortalizado en Encuentro en el Fin del Mundo (2007) o su pelea sin cuartel contra los osos en Grizzly Man (2005).

En "El enigma de Gaspar Hauser", el creador germano dio rienda suelta a otra de sus pasiones: la Historia
En "El enigma de Gaspar Hauser", el creador germano dio rienda suelta a otra de sus pasiones: la Historia

Es difícil que el cerebro volcánico de Herzog haya encontrado la paz en la denominada milla verde. Pero, probablemente, esa inquietud interior que persevera en la esencia del veterano centroeuropeo sea lo que necesitaba Death Row para ser creíble, para mostrar cierta sinceridad en el enfrentamiento de los seres humanos con sus pecados más satánicos. Todo mediado por un corredor espectral, en el que a solo unos pasos es posible agarrar la mano de la eternidad.

La adaptación de "Woyzeck" fechada en 1979, según el texto de Georg Büchner, es uno de sus mejores largometrajes
La adaptación de "Woyzeck" fechada en 1979, según el texto de Georg Büchner, es uno de sus mejores largometrajes
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