Brines aromatiza de nostalgia el Premio Reina Sofía

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"El otoño de las rosas" le granjeó el Premio Nacional de Poesía, en 1987
"El otoño de las rosas" le granjeó el Premio Nacional de Poesía, en 1987

Ausentarse de la niñez perdiendo el paraíso; y, sin embargo, mantener la vitalidad, la esperanza, la ilógica sinrazón de los sueños a base de rimas. El eterno dilema entre la melancolía constante y el ansia por no dejarse abatir ante la acumulación de años, de experiencias que pervierten la inocencia anhelada por los que persiguen no poseer malos pensamientos. La poesía del valenciano Francisco Brines (Oliva, 1932) tiene mucho de eso: de esperas, de novedad teñida de desolaciones, de reflexivo retorno a un Emilio onírico y también memorístico. Los versos encadenados a golpe de sol, y de búsqueda constante por los áridos parajes de las palabras fragmentadas, han posicionado a este insigne autor en un lugar preferente para alzarse con el XIX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Brines no dudó en rendir homenaje a Miguel Hernández
Brines no dudó en rendir homenaje a Miguel Hernández

El conjunto de la producción de este guerrero mediterráneo de la conciencia individual ha sido el que le ha llevado a ser distinguido con tal galardón que, más allá de la notable dotación económica, supone elevar a los altares -normalmente más mundanos- de la actualidad periodística a un hombre con intención de destilar la tolerancia a través de sus poemas, de matizar la universalidad a través de constantes accesos de introspección, destinados a capturar en la red de la salvación literaria a las almas perdidas de este milenio cada vez más tecnológico y menos humano.

Los poemas del creador nacido en Oliva gozan de una profunda hondura humana
Los poemas del creador nacido en Oliva gozan de una profunda hondura humana

Perteneciente por nacimiento a esa compulsiva y fortalecida generación de los cincuenta –la misma a la que se adhirieron nombres como los de Luis Rosales y Blas de Otero-, Brines se ha destacado siempre por la hondura sentimental, que no sentimentalista, de cada una de sus composiciones. Las métricas de Las brasas o de El otoño de las rosas (obra con la que consiguió el Premio Nacional de Poesía, en 1987) son de las que dejan una sensación de amargura en la vista y de claroscuro en el cerebro, un regusto que invita a pensar en lo que ya se ha vivido; a la vez de anticipar la emoción por abalanzarse sobre la ventana existencialista de las percepciones más primarias, tales como andar, respirar, comer, enamorarse…

Tras superar una operación de corazón, Brines sigue en la brecha
Tras superar una operación de corazón, Brines sigue en la brecha

Todavía en activo, Para quemar la noche es uno de los últimos libros surgidos de la magnífica pluma de este académico de la Lengua (desde 2001 ocupa el sillón “X”, que dejó vacante el dramaturgo Antonio Buero Vallejo); una muestra más de la evolución constante -ajena al paso de ese tiempo que según los entendidos tanto marca cada uno de sus pasos publicados- de alguien que resiste en plena forma parapetado en las trincheras de la creación.

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