Renoir da color al Museo del Prado

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Pocas semanas después de la inauguración de la exposición dedicada a Claude Monet en el Grand Palais de París, el edificio de Villanueva -en Madrid- se convierte en la posada vacacional para las obras de otro impresionista ilustre, en este caso se trata de Pierre-Auguste Renoir (1848-1919).

Autorretrato de Pierre-Auguste Renoir
Atorretrato de Pierre-Auguste Renoir

La pinacoteca de la Villa y Corte acoge hasta el próximo 6 de febrero una extensa selección de 31 piezas pertenecientes al Sterling and Francine Clark Art Institute de Massachussetts, en Estados Unidos; en la que queda patente la fuerza cromática y la hondura pictórica de uno de los padres destacados del arte contemporáneo.

La Naturaleza le sirvió como experimentación hacia cierta abstracción
La Naturaleza le sirvió como experimentación hacia cierta abstracción

Para acercarse al trabajo de Renoir hay que hacerlo con los cinco sentidos. Las vaporosas escenas, donde la descomposición de la realidad de la que hacían gala sus colegas impresionistas se metamorfosea en cuerpo de mujer -de carnalidad exuberante y etérea- o se convierte en carcajada mediante la expresividad de bañistas esperando solazarse con la gradación incendiaria de soles aduladores de la diversión y el relax invitan al espectador a ver, oír, degustar… En la muestra que alberga desde este lunes el Museo del Prado -y que cuenta con el patrocinio de la Fundación BBVA- se puede intuir la carrera evolutiva de un genio no siempre comprendido, y mucho menos admirado. A esto responde la personal y a veces sorprendente decisión del padre del cineasta de El río para aislarse en medio de la rebeldía propiciada por el movimiento al que pertenecía, que inundó los salones de finales del siglo XIX con apuestas a favor de la desintegración de las pinceladas y, por qué no, de la misma Naturaleza.

La sensualidad femenina fue uno de sus temas más frecuentados
La sensualidad femenina fue uno de sus temas más frecuentados

Las recreaciones del autor de Palco en el teatro son como invitaciones a la lujuria sensitiva de paisajes en los que la figura humana se hace casi necesaria, envuelta con los ropajes pretendidamente galantes de localizaciones imaginadas, surgidas de la mente de alguien que vive para fantasear con los objetos, animados o muertos. Esta rabia diferenciadora, que reside en toda empresa destinada a experimentar pese a los condicionantes del mercado, hizo que la producción del maestro francés se fuera radicalizando hacia una especie de antecedente de la abstracción; aunque solapada con la tradicionalidad de un singular discípulo de la técnica de popes tales como Velázquez, Rubens, Van Dyck y Tiziano.

Venecia le sirvió como inspiración
Venecia le sirvió como inspiración

Se puede decir que el extenso legado de Pierre-Auguste Renoir continúa vigente porque sigue en estado de perpetuo cambio y transformación, siempre al borde del abismo de una modernidad nunca buscada; esencia que supieron captar muchos de los pintores que tomaron el testigo del inmortal responsable de El puente de Chatou.

Cuerpo humano y agua formaron una amalgama indisoluble en su producción
Cuerpo humano y agua formaron una amalgama indisoluble en su producción

Cerca de cuatro décadas como enamorado incondicional del trabajo del artista es lo que recoge la colección de Sterling Clark, en la que se incluyen obras maestras y de exquisita influencia -a medio camino entre el Naturalismo y el Barroco- como La barca lavadero de Bas Meudon o Bañista rubia. A través de los tesoros almacenados por este recolector de genialidad constreñida en una tabla o lienzo, Renoir resucita estos meses en el paseo del Prado; arropado por los árboles escasos de la avenida madrileña y con la inspiración siempre latente del Jardín Botánico, que sin duda le habría traído sueños en tecnicolor de sus bien amadas riberas del Sena.

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