Perdido entre lienzos

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El cocinero, el ladrón, su mjer y su amante; una de sus obras más conocidas
El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante; una de sus obras más conocidas

Hace años, el ex pintor galés Peter Greenaway (1942) se convirtió en el azote creativo de la industria audiovisual. Sus teorías no dejaban indiferente a nadie y gozaban de un cierto crédito entre los seguidores del llamado cine de autor, que veían en él una especie de vidente sobre el incierto futuro del séptimo arte. Pero el tiempo parece haber domesticado a esta fiera inquieta, que clamaba en el desierto cuando demandaba un lenguaje fílmico propio, alejado del habitual peso de la narrativa hablada en los guiones.

John Gielgud, en "Los libros de Próspero"
John Gielgud, en "Los libros de Próspero"

Atrás quedan los mayores logros en formato del celuloide de Greenaway, que comenzaron con la exquisitamente matemática y analítica El contrato del dibujante (1982); y continuaron con El vientre de un arquitecto (1987), Drowing by Numbers (1988), El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989), The Baby of Mâcon (1993) o The Pillow Book (1996). Sin olvidar, la que es sin duda su apuesta más arriesgada hasta el momento; a la vez de su película más personal y destacable: Los libros de Próspero (1991). Los fotogramas que desgranaban estas producciones no tenían desperdicio. Análisis de tipo aritmético, cromático, de desdoblamiento continuo de realidades en la misma pantalla o de falso puritanismo por sus abundantes desnudos (el artista británico fue el primero en conseguir mostrar el cuerpo en cueros del genial y entonces octogenario Sir John Gielgud; aparte de grabar también contundentes integrales de Helen Mirren, Brian Denehy, Don Henderson, Ewan McGregor, John Standing, Ralph Fiennes y del casi nonagenario en esa época Bert Svenhuijsen, entre otros), cualquier clase de interpretación -física o espiritual- era posible para comprender una obra que gozaba de una incuestionable belleza visual y auditiva, este último aspecto merced -en gran medida- al trabajo de Michael Nyman.

Gielgud protagonizó su primer desnudo frontal con Greenaway

Pero los años no le han sentado bien a las musas del director galés, y su capacidad para sorprender se empezó a ver apagada desde que sus teorías fueron superadas. Su empeño en rodar en alta definición ya no es futuro, sino presente; y sus personajes alardeando de genitalidad no espantan ni levantan suspicacias en un mundo en el que están Spencer Tunick y el abuelito del porno, Shigeo Tokuda. Todo ha cambiado, y Greenaway ha regresado a su primera inspiración: la pintura. Así, tras la deslavazada y bastante decepcionante La ronda de noche (2007), el cineasta filma en estos momentos Goltzius And The Pelican Company, sobre las peripecias del creador holandés Hendrik Goltzius, quien en el siglo XVI se dejó la piel para publicar un libro ilustrado del Antiguo Testamento. Quizás, esta película ni se pase por los circuitos internacionales  -como ya ocurrió con las últimas entregas de Las maletas de Tulse Luper y Peopling The Palaces At Venaria Reale-, pero está bien resaltar las últimas aventuras de un hombre que se atrevió a reivindicar una revolución -aunque sofocada por los acontecimientos- en esto del cine.

"Ronda nocturna", la última película estrenada de Greenaway
"Ronda nocturna", la última película estrenada de Greenaway
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