Una ristra de ajos al cuello made in Colmenar en vez de pajarita, esto es lo que debió llevar el actor de origen ruso Anton Yelchin cuando acompañó por la alfombra roja al realizador Drake Doremus, quien se alzó con el máximo galardón por el filme Like Crazy la pasada noche en el Festival de cine independiente de Sundance. El veinteañero intérprete contribuyó contundentemente a la consecusión del galardón por su caracterización en una convincente historia amor, experimentada entre dos antiguos compañeros de clase nacidos en países de diferentes continentes (él en Estados Unidos, y ella en Reino Unido). Pero en la mente del chaval de Corazones en Atlántida seguro que todavía resonaban los ecos de su participación en el esperado remake de Noche de miedo, obra sobre draculines elegantes que dirige Craig Gillespie (Lars y una chica de verdad).
Corría el ecuador de la década lacada de los ochenta cuando el guionista y realizador Tom Holland dio cuerpo cinematográfico a una idea sobre vampiros comunales y adolescentes en plena efervescencia soñadora. En esos años de desidia por el género de terror de los de palomitas hasta en los sobacos, el argumento de Holland llamó la atención a los productores; y así comenzó el rodaje de Fright Night. Un reparto compuesto por veteranos fogueados en la televisión de la época, pese a acreditar un pasado más o menos glorioso en la pantalla grande algún tiempo más allá, fue la base artística a la que se unió un elenco teen destinado a hacer las delicias de los espectadores de ese tipo de películas. El poco conocido William Ragsdal (que en ese instante contaba veinticuatro primaveras cardadas con todo lujo de peines) fue el encargado de dar vida al protagonista con acné, el impresionable Charley Brewster: un chaval que descubría a través del telescopio de su habitación que su nuevo vecino era un chupasangre. A mitad de camino entre La ventana indiscreta y la fábula del mentiroso del lobo y las ovejas –pasando por un Bram Stocker de diseño- la cinta también benefició -en el mencionado ingrediente veterano- de la más que estimulante presencia del británico Roddy McDowall (el inolvidable Cornelius, de El planeta de los simios) y de la del sex symbol Chris Sarandon (Lipstick).
En un principio, los responsables del largometraje pensaron que solamente harían una caja que, en el mejor de los casos, les daría para pagar facturas y sacar algo de pasta de cara a próximos proyectos. Lo que no pudieron imaginar es que Noche de miedo llevó a las salas toda una legión de fans, que disfrutaron con su particular fórmula de comedia terrorífica. Tal fue la repercusión, que la productora no dudó en dotar a la historia de una secuela titulada Noche de miedo 2, con Tommy Lee Wallace (Halloween III) como filmador. William Ragsdal y Roddy McDowall repitieron en la piel de Charley Brewster y Peter Vincent, respectivamente; pero la chispa del relato en imágenes ya había alcanzado su fecha de caducidad, y los resultados fueron mucho más discretos que los de la entrega inicial.
Veinticinco temporadas después, los personajes creados por Tom Holland regresan a las pantallas con ganas de seguir provocando gritos y sonrisas a partes iguales. Para ello, Gillespie ha intentado repetir la magia escénica de su precedente de 1985; y ha empezado –como no- por la naturaleza del reparto. Al ya mencionado Yelchin, el creador ha podido contar con los trabajos del camaleónico Colin Farrell (luciendo colmillos como Jerry Dandridge) y el mediático y emergente actor inglés David Tennant (el más reciente Doctor Who de la BBC, al que también se podrá apreciar en The Hobbit, hace el papel de Peter Vincent). Así que, apaguen las luces y prepárense para pasar una auténtica noche de miedo…







