
“Baila, baila, baila” es el título de la más reciente novela publicada en España por el creador japonés
Hubo un tiempo de versos rotos, y manuscritos voluntariamente breves, en el que la literatura procedente de Japón se dedicó a retratar la esencia: los sentimientos alejados de las descripciones severas y milimétricas exportadas del Viejo Continente, emociones de papel sumidas en la indeterminación. Pero los narradores nipones necesitaban aprender a amoldarse a las normas occidentales, y con ello aplicar sus técnicas -de pulso sombreado- en pos de hacer una novelística fugitiva de hormas, sin los contrafuertes de magistral diario con los que calzaba sus pies momificados antes del siglo XIX. Eso es lo que se conoce popularmente como la segunda revolución literaria de la era Meiji, que coordinó su curso entre 1868 y 1912. Al amparo de sus perspectivas de evolución es como surgió la modernidad en las letras elaboradas en el país del Sol Naciente, energía transformadora con ansias no disimuladas de escapar de su mutismo isleño, con la mirada puesta en conquistar el mundo.
Haruki Murakami (Kioto, 1949) no tuvo que sufrir en sus carnes la incomprensión de sus compatriotas ante lo que significaba un cambio de rumbo; algo que sí padecieron en sus pliegos y producción impresa autores como Mishima y Soseki. El responsable de Kafka en la orilla se benefició de formar parte de otra generación, la misma que comenzó a borrar de su memoria el sentido kamikaze de la Segunda Guerra Mundial, y el vasallaje de castas injustas y tradicionalismo señorial.
Por eso, las obras del escritor de sesenta y tres años gozan de un espíritu decididamente universal, un tanto dinamizador de su propio legado cultural. Un ánimo de trazo profundo, en el que el ciudadano nipón se cuestiona el significado de la humanidad, resumido en la capacidad de los hombres y mujeres para hallar una razón que explique por qué hacen lo que hacen. Si al final existe una respuesta concreta, es un asunto en el que el artista de los textos no suele meterse.
En esa línea, nunca marcada por contornos rectos sino dibujada a través de curvas y regresiones constantes, es en la que se inscribe Baila, baila, baila; el más reciente fresco vivencial de Murakami, que presenta este mes la firma Tusquests editores, menos de una temporada después de la comercialización del díptico 1Q84.
Un paraíso coral, como suele ser habitual en los títulos del writer alumbrado en Kioto, conforma el argumento de este volumen, en el que el creador oriental alimenta su posicionamiento de particular realismo mágico, cual si se tratara de un Juan Rulfo de ojos rasgados y pelo azabache. Sólo con darse un garbeo rápido por la trama del libro, las prmeras páginas ya revelan fantasmas que recuerdan al boom latinoamericano, con estímulos propios de una contemporaneidad teñida de recuerdos.
El figurado arquitecto de la excepcional Tokio Blues cuenta en Baila, baila, baila la aventura –fechada en marzo de 1983- de un periodista freelance (de los que carecen de contrato y nómina en el banco) cansado de la intensidad de su rutina. Por eso, decide tomarse un tiempo libre, para echar la vista atrás en su pretérito. Pese a que Joaquín Sabina entona en una de sus canciones que “a los sitios donde has sido feliz no deberías volver”; el protagonista parece más seguidor de Carlos Gardel, y se empeña en regresar “aunque las nieves del tiempo hayan poblado sus sienes“. Con este propósito, el plumilla viaja a Sapporo, con la intención de alojarse en el Hotel Delfín (donde tuvo un encuentro apasionado con una mujer). Sin embargo, al llegar, descubre que el edificio ha sido derribado, y sustituido por otro complejo hotelero más lujoso.
La decepción en el héroe es, no obstante, frágil; ya que muy pronto entabla relaciones a varias bandas con una bella recepcionista con experiencias increíbles, una adolescente de aguda perspicacia y un antiguo compañero del colegio (ahora metido a actor).
Poco a poco, HM va destilando su licor envolvente a base de asesinatos, escenarios exóticos, apariciones de mundos fantásticos y realidades paralelas… Aparte de mucha reflexión calóricamente arropada con diálogos rotos… casi tanto como los versos de sus ancestros…
Más información en http://www.tusquetseditores.com/titulos/andanzas-baila-baila-baila














