
La National Gallery dedica una gran muestra al considerado padre del Pop Art británico/ Photo Credits: NG
… Y Marie L’Égyptienne escapó del lienzo, armó sus pigmentos de lija con venas y piel humana; y enmarcó su rostro en cálidos acopios de dama inmortal. Los aceites seductores con que impregnaron sus costuras Nicolas Poussin, Porbus y Frenhofer secaron su aroma embriagador al compás de los deseos libidinosos: ceremonia hechicera que embarcó su guía fluvial hacia el mar de las personificaciones, ajena a las centurias y al polvo del tiempo. Esa fémina de lustrosa epidermis y gesto contrito (siempre orgullosa de su prestancia de cisne en lagos profundos) fue protagonista tangencial de la obra Le Chef-d’oeuvre inconnu, escrita con esencia de relato sobre la creación por Honoré de Balzac. Texto decimonónico de sudor de tintero y de pluma chorreante que unió en su postrero suspiro a dos de los mejores artistas plásticos de los últimos cien años: Marcel Duchamp y Richard Hamilton.
Precisamente, el segundo de los componentes de la excepcional pareja citada es el maestro de los pinceles que abandera una magna exposición que, bajo el título de The Late Works, condiciona -con su estilo sorpresivo y su dictadura de contornos y líneas, de sátira y criticismo social, de ilusiones modernistas y tradicionalismo en los intestinos- la Sunley Room de la National Gallery de Londres.

A lo largo de su vida practicó con corrientes tan diversas como el Cubismo y el Futurismo/ Photo Credits: NG
Desde el pasado 10 de octubre (y hasta el próximo 13 de enero de 2013), la institución de la metrópoli regada por el Támesis aloja en su monárquico edificio una más que completa selección de las piezas, de hornada más reciente, salidas del taller-estudio de Richard Hamilton (Londres, 1922- ídem, 2011). Es más, la injusta parca de la faz cadavérica hizo trampas al ajedrez de la existencia con el creador británico mientras éste se encontraba preparando la exhibición, que ahora cuelga carteles de triunfalismo y reconocimiento en la sede central del otrora imperio más importante en el globo terráqueo.
Publicitado como el padre del Pop Art en versión British, el autor del mítico collage Just What Is It That Makes Today’s Homes So Different, So Appealing? , y de la portada del White Album de The Beatles, fue un personaje que trascendió en la escena de su país bastante más lejos que la de mera visión mediática de un alter ego europeo de Andy Warhol. Iconoclasta e inmenso en su perspectiva de atelier, RH coqueteó de manera afectiva con movimientos tan adictivos como el Cubismo, el Futurismo y el Impresionismo, tamizado en todos ellos por la contemporaneidad matemática y vivencial. Aparte de convertirse en un verdadero adalid de la inclusión de las nuevas tecnologías en la producción pictórica (de las famosas cronofotografías a la aceptación de las variaciones informáticas en la composición de secuencias continuamente en movimiento).
Tal esfuerzo por mantenerse al ritmo de las épocas que pudo experimentar hizo que la carrera del fundador del legendario Independent Group (formación en la que también colaboraron activamente Eduardo Paolozzi, Lawrence Alloway y Alison y Peter Smithson) transformara sus impulsos renacentistas en estiletes permanentemente juveniles, sin caer nunca en los placebos de las cremas antiarrugas, que suelen amartillar las propuestas de muchos gurús de la paleta y de la intelectualidad canosa hasta en el ánima.
Pero, pese a la profundidad de influencias e inspiraciones en los cuadros paridos por Mr. Richard, existe una hilazón especial y determinante, que se hace fuerte (cual coloso goyesco) dentro del conjunto que despliega, en este fin anual, con rigor la National Gallery. Ese fantasma de poltergeist potente e iridiscente no tiene otra identidad más que la del genuino Marcel Duchamp. Mucho antes de la retrospectiva que Hamilton preparó en la urbe del Big Ben, con el dadaísta como héroe de afrentas desmitificadoras (muestra que apadrinó en la Tate Gallery, en 1967), el capitalino ya sentía el aliento socarrón e inclasificable del francés en la hebras de su pincel isleño. Un sentimiento que unió al anglosajón y al compatriota de Victor Hugo incluso en sus respectivos lechos mortuorios (el Étant Donnés, que MD elaboró a duras penas antes de su viaje al Más Allá es más que similar al tríptico Le Chef-d’oeuvre inconnu, que el londinense estaba ideando igualmente a su antecesor en el momento de fallecer).
Después de lo expresado anteriormente, un torbellino de emociones encontradas y contrapuestas se concita hasta enero en The Late Works. Y en ese ojo de huracán rebelde se pueden localizar vientos relacionados con referencias religiosas, espirales infernales directas a los deseos insatisfechos, sensualidades amorfas de salones dionisiacos y calóricas máscaras de códigos binarios: vitaminas que dibujaron desde el inicio los trazos de la odisea creativa de este admirador confeso de Cézanne, bautizado como Richard Hamilton.

“Le Chef-d’oeuvre inconnu” es el trabajo estrella en la exhibición de la National Gallery/ Photo Credits: NG
Más información, horarios y entradas en
http://www.nationalgallery.org.uk/whats-on/exibitions/richard-hamilton-the-late-works































































