Tagged: Raoul Carrera

"Yo no comencé en esto siedo músico"/ Photo Credits: Jesús Martín

"Yo no comencé en esto siendo músico"/ Photo Credits: Jesús Martín

La media tarde en París a finales de agosto se antoja como un juego de luces de parque de atracciones, y más en la Torre de Babel que engloba las barriadas menos artísticas del distrito de Montmartre-Sacré Coeur. Allí, sentado en un café con vistas a una hamburguesería y a una destartalada estación de metro -de la que surge cada cinco minutos el cromatismo vivencial de miles de rostros ajados por la jornada laboral-, espera paciente Vincent Grass (Bruselas, Bélgica, 1949); ataviado con una holgada chaqueta de cuero, camiseta oscura ajustada a su torso y sueltos pantalones vaqueros. El hijo de director de orquesta y cantante de ópera -que es capaz de departir en inglés, francés, flamenco y alemán- aguarda tranquilo, mientras sorbe un torrefacto americano (taza de doble oscuridad, que cuesta algo más de cuatro euros). En su mirada hay sosiego; en sus gestos, parsimonia; y, en su actitud, la sabiduría de los que se encuentran cómodos mezclados con la gente, con los infinitos credos que componen la esfera humana de esta aldea parisina, igualmente global como solitaria.

"La única vez que he rodado en España fue en Las Maletas de Tulse Lupper, a unos kilómetros de Madrid"/ Photo Credits: Jesús Martín

"La única vez que he rodado en España fue en Las Maletas de Tulse Lupper, a unos kilómetros de Madrid"/ Photo Credits: Jesús Martín

Esculpido en carne y huesos en ese cosmos de hormigón y pinceladas de suburbio –tan vivo como intenso, tan particular como planetario- pocos dirían que la figura de este inmenso actor de origen belga –injustamente relegado a papeles compuestos en la mayoría de los títulos de su carrera por escasas líneas de texto- se ha paseado, entre otros, por los platós de Jaques Demy (Lady Oscar, 1980), Claude Berry (Uranus, 1990), Bertrand Blier (Merci la Vie, 1991), Raoul Carrera (Pilgrim Aflame, 1992), Michel Blanc (Grosse Fatigue, 1994) o Alain Berliner (Mi vida en rosa, 1997). Con un perfecto acento exportado de sus años en la tierra de Shakespeare, el alter ego del doctor Cornelius de Las Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian (Andrew Adamson, 2008) ironiza cuando este periodista español comienza el cuestionario sacando a la palestra su colaboración con Peter Greenaway, materializada en el episodio segundo de Las maletas de Tulse Lupper. “¿Tú la has visto? Pues yo aún no he tenido ocasión”, afirma contundente, con una medio sonrisa en la mirada, ante la ingenua curiosidad del plumilla sureño. Pero en su contestación no se percibe la pose de estrella ni de enfado, sino la sinceridad de un hombre que vive para la escena; y que aún persigue la ambición no disimulada de modelar uno de esos papeles en los que el actor tiene que pelearse contra el mundo, simplemente para emocionar. “Ahora estoy libre y en el mercado; así que, si sabes de algún director español que esté interesado…”, reconoce, con un deje de profunda coherencia profesional.

"Mis padres siempre estuvieron de acuerdo con mi decisión de ser actor"/ Photo Credits: Jesús Martín

"Mis padres siempre estuvieron de acuerdo con mi decisión de ser actor"/ Photo Credits: Jesús Martín

Resguardados ya del sol castigador en el interior de un reservado, Vincent echa mano de su conocimiento del Spanish cinema para espetar que su obra preferida es El espíritu de la colmena. Aunque duda en cuanto al nombre del realizador. Y, pese a que este informador le apunta que es Víctor Erice, el reputado intérprete de teatro, televisión y séptimo arte recurre a su inseparable iPhone, máquina de inusitada rapidez que lo único que hace es dar la razón al jorunalist ibérico. Sin embargo, él es un trabajador metódico hasta en los detalles, que deja pocas cosas al azar o a los principios de dogmatismo, aunque estos sean de naturaleza periodística. Y de esta solícita manera, da comienzo una entrevista en la que no existen límites de espacio; y en la que solamente media la fantasía y cierto elemento imaginativo.

–          Tras observar tu vasto currículum, salta a la vista tu temprana relación con la música. ¿Se puede decir que fue el primer paso para dedicarte a ser actor?

–          Realmente, yo no comencé en esta profesión siendo un músico. Nací y crecí en una familia de músicos, que es distinto. Mi padre era director de orquesta y mi madre era cantante. Por lo tanto, en un clan de estas características, lo que los progenitores suelen querer es que sus hijos sigan con la tradición. Así que comencé a tocar el piano a los cinco años, o algo así. Pero, realmente, no fui muy lejos; entre otras cosas porque requería demasiado trabajo. Además, después de la escuela, tener que dar unas dos horas de piano era demasiado para mí. Por lo tanto, como te digo, no fui muy lejos en ese terreno. Ya sabía que iba a ser actor cuando fui al Conservatorio de Bruselas. Eso fue una historia totalmente diferente. Así que dejé de dar clases de piano clásico a eso de los diez; y comencé a tocar más la guitarra, aprendiendo por mí mismo. (Sonríe) Estaba mucho más interesado en la guitarra que en el piano, y más en el rock and roll que en la música clásica. Aparte, practicaba con amigos en mis experimentos con ese instrumento. Fue una decisión que tomé antes de ir al instituto, formando un grupo amateur con algunos compañeros de mi clase. Pero lo que sí recuerdo, es que en toda mi vida lo que he querido es ser actor.

–          ¿Qué fue lo que realmente te atrajo del mundo de la interpretación?

–          No lo sé, porque desde niño, mis padres y mis tías solían llevarme al teatro. De hecho, yo nací en Bruselas; pero todo el resto de mi familia es de la parte flamenca. Y mis tías vivían en Amberes, donde el teatro tenía mucha calidad. No había teatro juvenil en Bruselas; pero siempre quise hacer eso de mayor. A ese lugar es al que pertenezco en esencia, en realidad.

"De joven estaba más interesado en el rock & roll que en la música clásica"/ Photo Credits: Jesús Martín

"De joven estaba más interesado en el rock & roll que en la música clásica"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          Pero, supongo que a tus progenitores no les gustaría mucho que te decantaras por el terreno de la caracterización, en vez de por el de los pentagramas…

–          Mis padres estaban completamente de acuerdo con mi decisión. Querían que acabara antes el período escolar; y esa fue la única condición que me pusieron al lanzarme a la actuación. Fui al Conservatorio en Bruselas a estudiar Drama; y además tomé clases de canto clásico. Pero decidí especializarme en arte dramático, en vez de dedicarme a cantar y bailar en el escenario. Nunca quise convertirme en un cantante ni en un bailarín. Quería dar clases de ballet para la ópera en Bruselas, es lo que llaman en Francia le petit rat (danzarín de aspecto adolescente). Mis dos hermanas, de hecho, se convirtieron en bailarinas clásicas. (Hace acordes de memoria) No era muy malo en la danza; sin embargo, no había muchos chicos bailando en Bruselas. La proporción con las chicas era de unos cinco jóvenes por dieciséis de ellas. Por lo tanto, la primera decisión que tomé en mi vida fue la de no convertirme en un bailarín.

–          ¿Cómo recuerdas tus comienzos en los escenarios?

–          Estuve tres años en Bélgica estudiando arte dramático. Luego, fui a Londres después de mi formación inicial en mi país. Conseguí mi diploma y un primer premio en Drama en Bruselas. Tras esto, mi inclinación inicial fue la de ir a Francia y matricularme en el Conservatorio en París. Sin embargo, tuve la oportunidad de viajar a Inglaterra y pensé: “Pues, me voy a las islas, entonces”. Al final, resultó mejor trasladarme a Londres que ir directamente a Francia. Aparte, hablaba la lengua de Oscar Wilde bastante bien antes de recalar allí, porque con mi grupo de rock and roll (Crash) interpretaba todo el repertorio en ese idioma… The Beatles, y esa clase de gente. Así comencé a familiarizarme con la expresión oral. Aunque luego también hubo una especie de asunto privado. Cuando era niño, mis padres organizaban cenas en las que hablaban en inglés. Por lo tanto, el secreto de que aprendiera las canciones que te comentaba igualmente está en las lecciones de mis padres. Probablemente, si hubiera optado por el Conservatorio en París, nunca habría filmado ninguna película en el lenguaje de Shakespeare.

"En los setenta hacía versiones de las canciones de The Beatles con mi grupo Crash"/ Photo Credits: Jesús Martín

"En los setenta hacía versiones de las canciones de The Beatles con mi grupo Crash"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          ¿Cuándo llegaste a Reino Unido?

–          Fue a comienzos de los setenta. (Echa cuentas)… Entré en el Conservatorio en Bruselas en el sesenta y nueve, creo. Estuve allí unos tres años, hasta 1971, y fui a Inglaterra en 1974.

–          La época en que estuviste estudiando en la tierra de Isabel II era verdaderamente intensa y creativa. Tenías mucho entre lo que escoger… Sin ir más lejos, era el tiempo dorado del mítico free cinema, con Lindsay Anderson y Tony Richardson… Y en teatro, ni te cuento, con la revitalización del Old Vic de Olivier, Gielgud y Sir Ralph…

–          Probablemente, pero había un problema. Fui allí como estudiante de la Lamda (London Academy of Music & Dramatic Art) y estaba absolutamente prohibido actuar fuera de la escuela. No pude ir a castings, porque las clases eran de nueve a seis; y, luego, el tiempo libre lo debíamos dedicar a las interpretaciones propias del centro. Así que no tenía mucho tiempo libre. Pero, de hecho, lo que recuerdo del 74 y del 75 es que no tenía oportunidad de trabajar como actor en Inglaterra. De todas formas, tampoco el gobierno británico permitía hacerlo. Incluso, en el contrato de matriculación estaba el que después de mi período formativo debía dejar el país y no intentar ejercer allí. Era una condición en esos tiempos, algo impensable en la Europa en la que vivimos actualmente. No obstante, deseaba regresar a Bélgica y moverme por mi país. Sin embargo, mi año académico en Inglaterra acababa en julio. Así que, cuando volví a mi tierra -a mediados de ese mes- ya no podía trabajar esa temporada, por haberme perdido las elecciones de los castings para las obras de ese año. Finalmente, vino de mi agente en Bruselas con una oportunidad para trasladarme a París, y fui a verle. Había un papel para mí que comenzaba en septiembre; y decidí probar suerte en Francia, y no tener que esperar un año en blanco para trabajar en Bélgica…

"La industria en Belgica tenía un problema de escasez de dinero"/ Photo Credits: Jesús Martín

"La industria en Belgica tenía un problema de escasez de dinero"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          Hablas de escasez en la industria audiovisual belga; pero, sin embargo, hay un ramillete de nombres de directores que han creado muy buenas producciones.

–          Todavía hay buen cine en Bélgica, pero era muy escaso en la época de la que te hablo, la del 75. En todo caso, la conclusión es que no decidí regresar a mi país. En ese tiempo nadie me conocía, había regresado de Inglaterra y nadie sabía dónde me había escondido. Así que tuve la oportunidad de conseguir un papel en París, y la tomé sin pensarlo. Recuerdo que era una obra realmente terrible; pero, en todo caso, estuvimos representándola durante tres meses. Además, me dieron todas las ventajas que no podía conseguir en Bélgica: ya sabes, todo lo relativo a la seguridad social como trabajador francés. Y esa fue una de las razones por las que decidí quedarme aquí.

–          ¿Notaste una mayor vida desde el punto de vista artístico en la nación de La Marsellesa?

–          En Francia hay cosas que suceden a cada momento. Sabía que si me quedaba en Bélgica iba a tener que esperar un año sin hacer nada. Por lo tanto, la solución era sencilla: “Vayamos a Francia e intentémoslo”. Nunca más regresé a Bélgica nuevamente para actuar; excepto para algunos encargos especiales en los que solicitaron mi presencia. No obstante, en ningún momento pensé en asentarme en mi país. Cuando regresé de Inglaterra, la opción siempre fue la de Francia.

–          A veces las circunstancias mandan, como diría el maestro Ortega y Gasset…

–          Sí, la vida fue la que decidió por mí.

–          Pero, en tu opinión, ¿por qué había tan poca actividad en tu patria?

–          Las dificultades de exportación podrían ser una de las causas. Aunque la razón principal es que no existía el dinero suficiente. Hacían películas, pero sin casi presupuesto. De hecho, he tenido algunas proposiciones en Bélgica, y las he tenido que rechazar siempre por la cuestión monetaria.

"En Francia, las cosas suceden a cada momento"/ Photo Credits: Jesús Martín

"En Francia, las cosas suceden a cada momento"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          No obstante, en París, los comienzos para un actor proveniente de Bruselas serían particularmente complicados…

–          Duros (se ríe). Te cuento; hice esa obra que te comentaba y fue horrenda. Era un musical y tenía que interpretar y bailar; y no me gustó nada cómo quedó. Era terrible. Pero ya estaba en el negocio. Alquilé un apartamento pequeño y tenía un trabajo con el que conseguía un dinero que no habría podido lograr en Bélgica. Cuando finalizó la obra, no recuerdo muy bien si fue en el 76 o 77, mi agente en Francia me encontró una parte bastante atractiva en una serie de televisión, de seis episodios de una hora de duración cada uno. Estuve en ella trabajando durante seis meses, y me resultaba increíble. Era un papel importante, y recuerdo que fueron 159 días de rodaje. Y claro que gané dinero. Además, fue una gran oportunidad para darme a conocer en la televisión francesa, en el primer canal TF1. De esta forma, comencé mi carrera aquí. Aunque reconozco que es una profesión muy difícil, y pronto vinieron unos años muy complicados. Haciendo un poco de televisión, papeles de dos o tres días de grabación… En esa época aún no estaba metido en el doblaje. Tampoco había teatro, no muy importante en todo caso… Aparte coincidió con mi primer matrimonio, y la vida no era muy cómoda para nosotros aquí en Francia. Esto me abocó a mi primer divorcio; por lo menos fue una de las grietas más importantes en él. Volví entonces a Bélgica para participar en un musical, en el que creía y para el que había escrito las partituras. Tras su estreno, tuvo bastante éxito; y mi interpretación en Bruselas fue muy alabada. Después, volví a Francia en el 82; para actuar en una temporada limitada a un mes (30 actuaciones en el Théâtre Fountain). En todo caso, independientemente de la obra, estuve ese tiempo sobre un escenario; y algunos directores de televisión se acercaron a verme. Eso activó de nuevo mi carrera. Podía enseñar por fin algo de mis virtudes interpretativas, un book real que podían valorar. Y así, súbitamente, entré en la familia del doblaje. Estaban doblando una serie en el canal tres llamada Fraggel Rock. (Me dirige la mirada con interés) ¿Te acuerdas de ella? Producida por Jim Henson, y todos los personajes cantaban… Bueno, pasé la audición y comencé inmediatamente; y eso me abrió las puertas del doblaje. Me dieron bastante dinero, e incluso fui felicitado por el director original del serial. Entrar a doblar películas de cine es fantástico, porque te aporta seguridad monetaria para poder elegir –en cierta manera- lo que quieres hacer en teatro, en televisión y cine como actor. Así, pude ser capaz de rechazar cosas que no me interesaban; algo que no podría haber hecho de no existir la posibilidad del doblaje. En fin, todos tenemos que vivir.

"Fraggel Rock, de Jim Henson, me dio popularidad en el doblaje"/ Photo Credits: Jesús Martín

"Fraggel Rock, de Jim Henson, me dio popularidad en el doblaje"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          Precisamente, poniendo voz has podido hacer trabajos de gran éxito popular, como ser el timbre sonoro del agente Smith; es decir, Hugo Weaving…

–          Si, es cierto, en Matrix. No obstante, uno de mis trabajos más recordados fue en El señor de los anillos, en el que hacía la parte de Gimli. ¿Cuál era el nombre del actor?… John-Rhys Davies… He hecho cosas realmente interesantes en el doblaje. De hecho, en este campo acabo de finalizar una serie fantástica titulada Juego de Tronos

–          También has colaborado en algunos videojuegos. ¿Qué tal fue la experiencia?

–          Pues, la verdad, es que no me resultan divertidos de hacer. No. Es un buen dinero, pero no me gusta. Y la razón es porque no es un trabajo muy creativo, y no hay mucha actividad. Las únicas frases que tienes que decir son muy determinadas;  y las sesiones consisten en repeticiones de: Uh!, Oh!, Uh!, Uffs!. Así durante una hora, más o menos. No tiene interés alguno. Se hace enseguida.

"Los videojuegos no me resultan divertidos"/ Photo Credits: Jesús Martín

"Los videojuegos no me resultan divertidos"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          Entre los idiomas que manejas no se encuentra el español; sin embargo, uno de tus papeles ha sido el del monarca Borbón Carlos IV, en la serie Napoleón (Yves Simoneau, 2002). ¿Cuál fue tu visión de este controvertido personaje histórico?

–          Sí… No sé si puedo contestarte muy bien a esta pregunta porque en realidad no tenía visión alguna. Era simplemente una secuencia con Napoleón y el estúpido hijo del rey. Por eso no trabajé mucho sobre este papel, solamente una escena… Lo único que sí preparé fue la situación.

–          Pero tú pareces un actor de los que ensayan a conciencia cada una de sus colaboraciones…

–          Sí… De hecho, claro… Siempre leo mi parte más de una vez para decidir si me interesa hacerla. Debo entender lo que me inspira el personaje que está descrito en el guión, cómo existe y es. Mientras lo haces, también acabas poniendo algo de ti mismo al interpretarlo. Es un mecanismo inconsciente. Si entiendes e interiorizas tu parte, las cosas vienen a ti de por sí.

"Me gusta interpretar a auténticos cabrones"/ Photo Credits: Jesús Martín

"Me gusta interpretar a auténticos cabrones"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          A propósito, ¿qué tipo de papeles son los que más te gusta interpretar?

–          (Sin dudar) Auténticos cabrones (sonríe). Justo lo opuesto a lo que soy en la vida diaria. Me considero un tío majo y agradable, por lo que no me interesa representar lo mismo. Excepto en el caso del doctor Cornelius de Las crónicas de Narnia, claro está. Pero, para mí, el gran placer de mi profesión es dar vida a cabrones….gánsteres… tíos realmente malos. Ese es el placer de actuar; porque, si hago de hombres buenos y agradables, estoy como haciendo de mí mismo.

–          ¿Qué tal te has llevado con la improvisación a lo largo de tu carrera? Te lo comento porque hay estrellas que suelen declarar que a veces se han sentido como prostitutas dentro del sistema de Hollywood, ya que a los productores supuestamente no les interesan mucho las ideas del equipo artístico a la hora de trabajar…

–          ¿Cómo putas? (pregunta sorprendido, y tose)…. Hay una cosa que hay que entender en este mundo; y es que, cuando firmas el contrato, te comprometes. Así que, en el momento en que el director grita “acción”, tienes que hacer lo que pone el guión. Nunca debes salirte de tu trabajo.

–          Aunque, supongo que lo ideal es tener jefes a los que poder contar tus impresiones, y con los que dialogar sobre la mejor forma de sacar adelante un proyecto.

–          Eso no es enteramente cierto. Algunos lo hacen y otros no. Recuerdo que sugerí determinadas cosas para enriquecer el papel de Cornelius en Las crónicas de Narnia,  y los responsables me dijeron que, si eran buenas ideas, que las llevara a cabo. Tienes tiranos y gente agradable; y con estos segundos puedes argumentar, discutir y proponer cosas. Trabajé una vez con un realizador que era un completo gilipollas, pero la película resultó verdaderamente buena; y eso es lo que al final se espera. Aunque, indudablemente, es mejor para todo el mundo que el ambiente de trabajo sea agradable.

–          ¿No has sentido en ningún momento el gusanillo de pasarte al otro lado de la cámara?

–          No. Nunca he querido hacer el trabajo del director. Realmente, no me interesa. Yo lo único deseo ser es actor. Lo que anhelo es interpretar. Estoy solamente interesado en la actuación, no en la realización, ni en la escritura, ni en la creación… Lo único que mueve mi creatividad es la interpretación. Mi personaje es lo que me involucra, que otros sean los que filmen.

"Si el personaje lo requiere, no tengo ningún problema en desnudarme"/ Photo Credits: Jesús Martín

"Si el personaje lo requiere, no tengo ningún problema en desnudarme"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          Entre tus trabajos llama la atención, por el tirón mediático que tiene el autor, tu participación en Las maletas de Tulse Lupper. Episodio segundo, de Peter Greenaway….

–          No tengo mucho que comentar sobre él, solamente dije unas cuantas palabras en su película.

–          Ya, pero, ¿podrías contar cómo fue ese trabajo?

–          Fue un papel muy, muy corto… Lo hice porque deseaba estar en una cinta de Peter Greenaway, porque me gustan sus obras. Pero mi colaboración era muy pequeña. Daba vida al padre de Isabella Rossellini; eran casi unas tres o cuatro líneas, nada importante a nivel profesional. Así que no te puedo decir mucho sobre él. Lo que deseaba al aceptar el encargo era observar cómo montaba sus sesiones de grabación.

–          Y en la labor de realización, ¿cómo es Greenaway?

–          Es muy intenso y una persona muy especial. Mucho más que otros directores. Sus planos son como óleos. Él suele hacer largometrajes para audiencias limitadas, y no le importa lo más mínimo. Hace lo que quiere exactamente. Actúa como un pintor.

–          Además, la filmación fue en España, ¿no?

–          Sí, rodé en Madrid, a unos diecisiete kilómetros de la ciudad. Esa ha sido la única vez que he actuado en tu país; y tan solo fueron dos días…

–          La desnudez y la muerte son un par de temas recurrentes en el creador de The Baby Of Mâcon. Al ser tan breve tu presencia en Las maleta de Tulse Lupper, seguramente te libraste de salir desnudo en pantalla. Sin embargo, ¿te has visto obligado a quitarte la ropa alguna vez para encarnar un papel? ¿Qué piensas de este asunto?

–          Bueno, no tengo una opinión especial sobre ello. Creo que únicamente me han pedido dos veces aparecer desnudo en una película. Y, si la historia lo requiere, realmente no me importa lo más mínimo. Las veces que me lo han sugerido he respondido “vale, no hay problema alguno”. Recuerdo que, en mi caso, ambas eran secuencias en el baño (sonríe, sin sentirse incómodo); y dije “muy bien”. Ya te comento, siempre y cuando exista una justificación para el desnudo, no me importa quitarme la ropa, en serio. Quizá, este planteamiento me habría escandalizado hace veinte años; pero, ahora, no me molesta lo más mínimo. No obstante, aún no he tenido que hacerlo, hasta el momento. La última vez que me lo han propuesto ha sido recientemente para la serie Braquo; y era una escena en la que tenían que rodarme completamente desnudo saliendo de la ducha. Yo ya había dado mi OK… Lo que pasa es que, al final, el realizador decidió que me pusieran una toalla. No obstante, lo que quiero decirte es que estaba preparado para mostrarme saliendo del baño sin nada puesto; de verdad, no me importa. (Enfoca la mirada con énfasis) Aparte, se trataba de mi asesinato. Así que acaban matándome igual pero, en vez de desnudo, con un albornoz.

"La tecnología es un recurso valioso para una película"/ Photo Credits: Jesús Martín

"La tecnología es un recurso valioso para una película"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          ¿Piensas, como Greenaway, que el cine aún está buscando un léxico independiente de expresión?

–          Yo no diría que el cine está todavía buscando su propio lenguaje; porque sí tiene un idioma muy especial. Lo que tiene que hacer es validarlo. Pero no creo que esté buscándolo. Más bien, está cambiando todo el rato, no buscando algo.

–          Otro asunto de plena actualidad es el de la crisis de creatividad en la industria audiovisual, ¿de verdad es tan preocupante? ¿Cómo lo ves?

–          Es algo difícil de calibrar. Hay gente que hace las películas solamente por dinero, y existen tipos para los que esto no es lo esencial. Es como lo que antes estuvimos hablando sobre Peter Greenaway. Se trata siempre de la misma cuestión, incluso en América. Ayer vi en televisión una película con mi amigo Peter Dinklage-que era uno de los enanos de Las crónicas de Narnia- titulada Vías cruzadas (Thomas McCarthy, 2003); y se trataba de un largo que ha tenido muchos premios en Sundance… Y es una historia comercial, aunque no pertenece a lo que podríamos llamar un producto de industria. Probablemente,  incluso perdieron dinero con él. Por lo tanto existen complejos, como Disney, en los que lo que inviertes tienes que recuperarlo a la fuerza al año siguiente; y, luego, hay otras producciones que, aunque recaudes menor cantidad, está muy bien. Es una manera diferente de concebir el negocio.

"En televisión hay muy buenas series, pero también existe mucha mierda"/ Photo Credits: Jesús Martín

"En televisión hay muy buenas series, pero también existe mucha mierda"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          No obstante, los avances que publicitan los estudios siempre suelen ser de carácter tecnológico, y muy pocas veces se habla de renovación de historias, de acercamientos visuales…

–          No estoy completamente de acuerdo con eso. Cuando la tecnología es un recurso valioso en la película, por qué no usarla. Ahora es impensable hacer filmes sin echar mano de la tecnología. Aún no he visto ninguna película en 3D, pero por qué no rodarlas. Lo importante es que existan esos avances de los que se habla para que tú puedas decidir si utilizarlos o no.

–          ¿Ves en la  televisión de estos años un medio con mayor libertad de acción que en el cine?

–          Existen productos de gran calidad en la pequeña pantalla en la actualidad, con Los Tudor, por ejemplo…Vale. Pero también hay mucha mierda. Incluso en las series en formato televisivo.

–          Lo que sí puede haber mermado un poco el valor de los largometrajes cinematográficos sea el hecho de que suelan ir destinados mayoritariamente a un público adolescente…

–          Vale. Sin embargo, producciones como Piratas del Caribe nadie puede venir y decirme que son una mierda, porque es cine muy bien hecho. Aparte, hay muchas obras en pantalla grande, no necesariamente de un estudio potente, que poseen una enorme calidad. Aunque, si te planteas hacer tu carrera lejos de los proyectos de estudios potentes, nunca puedes pretender convertirte en una estrella internacional. No obstante, puedes hacer cosas buenas con mucho o poco presupuesto. Por ejemplo, en mi caso, estoy siempre dispuesto aquí en Francia a trabajar en cortometrajes;  y estos no dan dinero en absoluto. Es algo que necesito hacer como actor, porque eso me permite ir mejorando en la interpretación (Dos de los mejores cortos en los Vincent ha intervenido han sido como desquiciado dentista en Machination, de Arnaud Demanche, y en La Carte Postale, de Vivian Goffette, que fue nominado a los Oscar en 1999).

"Colaborar en cortos me permite ir mejorando como actor"/ Photo Credits: Jesús Martín

"Colaborar en cortos me permite ir mejorando como actor"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          Además, los cortos admiten mayor riesgo. Incluso, el gran John Gielgud lo último que hizo en pantalla fue uno titulado Catastrophe, a las órdenes de Mamet…

–          ¿David Mamet?… Sí, sí… Es cierto que como actor buscas ganar dinero con las películas, pero también hay momentos de mayor libertad para poder permitirte hacer cortos gratis. Los que los dirigen necesitan tener en ellos a gente profesional;  y puedes transmitir muchas cosas que no podrías hacer en otro tipo de producción.

–          Hablando de dinero, ¿cómo recuerdas tu aventura blockbuster en Las crónicas de Narnia?

–          Fue una experiencia fabulosa, porque es una especie de fantasía para un actor estar en algo así. Antes era para mí una quimera pensar en trabajar en películas americanas, pero en el interior de cada actor está el sueño de participar alguna vez en un gran proyecto de un estudio de Hollywood. Por lo tanto, fue como un sueño hecho realidad. Fue una experiencia fabulosa, porque el equipo buscaba que todos los integrantes del reparto estuviéramos contentos y fuéramos felices todo el tiempo. Y es una buena manera de trabajar. Aparte, tienes todas las comodidades (buenos hoteles, desplazamientos, puedes pedir todo lo que desees…). En Francia y Bélgica, si pides algo en ese sentido, lo más probable es que no te hagan ni caso; por lo tanto, esto hace que haya un mal rollo en algunas ocasiones. Y eso puede perjudicar a tu trabajo. Las Crónicas de Narnia tenía un concepto absolutamente comercial, de pensar al estilo americano. Y también hice buenos contactos entre algunos productores estadounidenses, pequeñas producciones de USA. En cuanto al rodaje, noté que, en EE. UU y también en Gran Bretaña, se respeta mucho más a los actores que aquí en Francia.

"Trabajar en Las Crónicas de Narnia fue como un sueño hecho realidad"/ Photo Credits: Jesús Martín

"Trabajar en Las Crónicas de Narnia fue como un sueño hecho realidad"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          ¿Tuviste que actuar ante la pantalla azul?

–          Nunca tuve que hacerlo. Toda la película se rodó en sets reales y en localizaciones naturales. Nunca en pantalla azul. Aunque me gustaría tener la oportunidad de hacerlo alguna vez en mi carrera; sobre todo para poder responder a tu pregunta y probar si es difícil o no.

–          Antes de meterte en la piel del doctor Cornelius, ¿habías leído los libros originales de C. S. Lewis?

–          No, no los conocía previamente. Me sorprendieron cuando tuve oportunidad de leerlos antes de firmar mi contrato. Lo que sí sabía es que existía una primera película. Pero no la había visto. Y es raro el desconocimiento que te comento, porque en Inglaterra y en América todos los jóvenes conocen los textos de Lewis; pero en Francia no eran tan populares.

"En EE. UU y Gran Bretaña se respeta mucho más a los actores que en Francia"/ Photo Credits: Jesús Martín

"En EE. UU y Gran Bretaña se respeta mucho más a los actores que en Francia"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          Después de la larga lista de títulos en los que has aparecido, tanto en teatro como en televisión y cine, ¿qué es lo más extraño que has tenido que hacer a nivel profesional?

–          (Pausa larga) ¿La cosa más rara?… Como leí antes tus peguntas, podría responderte que la escena más extraña la hice para la película, de Liria Bégéja,  Change Ma Moi Vie (en la cinta, Vincent encarnaba al cliente de un travestido que muestra, con plano fijo en su rostro, un polémico momento de excitación sexual). No fue algo agradable de escenificar. Y también Liria comprendió que era difícil para mí; por lo que mandó que todo el mundo saliera en el momento de rodar. Solamente quedó el equipo necesario en el set. Éramos únicamente siete u ocho personas; algo que me ayudó bastante. Me resultó difícil porque tenía que transmitir un instante realmente íntimo. Pero mi sentimiento sobre ese hecho no era de rechazo o vergüenza, porque es mi trabajo, es mi profesión. Leí la escena y decidí interpretarla. Solamente es cine, no es la vida real. Y, además, la gente del set estaban haciendo su labor: no eran voyeurs, no estaban allí para ver lo que te pasa cuando tienes un orgasmo. No obstante, es inevitable pensar que es algo demasiado privado cuando experimentas una clase semejante de éxtasis erótico.

"La cosa más rara que he tenido que escenificar fue un orgasmo, en la película Change Ma moi Vie, de Liria Bégéja"/ Photo Credits: Jesús Martín

"La cosa más rara que he tenido que escenificar fue un orgasmo, en la película Change Ma moi Vie, de Liria Bégéja"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          Debe ser difícil dejar la mente en blanco en una situación semejante…

–          Cuando te enfrentas a una escena así, tienes que pensar únicamente de forma técnica. Debes hacerlo y ya está. No es la vida real, es ficción. Vas a estar en un fotograma y debes hacerlo creíble. No tienes que experimentar un orgasmo verdadero. Únicamente tienes que transmitirlo de forma coherente y creíble en pantalla.

–          ¿Qué pensaste cuando leíste el argumento por primera vez?

–          Pensé que era un gran guión. Aunque es cierto que la película era complicada. Trataba de gente que escapa de Albania, y el resultado fue el de una cinta realmente buena. Estuvo producida por Costa Gavras y me encantó participar en ella. Me gustó mucho el trabajo de Liria; y mi personaje es muy interesante, aunque muy corto. Pero me encantó hacerlo. Si no me gusta el director ni el guion, no puedo dar mi visto bueno para meterme en un proyecto. Si me producen el necesario feeling, no lo pienso dos veces: lo hago.

"En general, el teatro es más interesante que el cine y la televisión"/ Photo Credits: Jesús Martín

"En general, el teatro es más interesante que el cine y la televisión"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          Has probado la triada audiovisual para un actor (cine, teatro y televisión). ¿Cuál de estos medios te ha dado -o proporciona- más satisfacciones?

–          (Pausa) El teatro, en general, es más interesante, según mi opinión… Siempre que tengas un buen personaje, claro; un papel largo que se pueda disfrutar en escena. Debes probar que posees algo que mostrar, y es muy interesante. Ya sean largas o cortas, tienes que interpretar de manera muy intensa; y eso me gusta. Además, te da la oportunidad de trabajar el personaje de otra manera. Te proporciona más tiempo y puedes proponer muchas más cosas que en el cine, por ejemplo.

–          Además, tienes la experiencia del directo y la necesidad de crecer con tu personaje sesión tras sesión…

–          Absolutamente. Eso es por lo que resulta mucho más interesante. También está el hecho de mantener la tensión por dos horas. En el cine solamente puedes trabajar intensamente unos doce minutos al día. Tienes muy poco tiempo para interpretar, el resto lo dedicas a otras cosas: a hablar con tus amigos o, como en Narnia, me dedicaba a ver la televisión en el tráiler; o bien estás enfrascado en tu ordenador o llamando por teléfono…, pero no estás trabajando. En el teatro, realmente interpretas durante seis horas sin excepción ni treguas.

–          Ya que estamos en materia, ¿qué es lo más reciente que has hecho?

–          Mi último trabajo ha sido en la serie policiaca Braquo (segunda temporada). Mi papel, como imaginarás, es el de un cabrón. Interpreté mi personaje enteramente en flamenco, ya que es un hombre de esa región. Se trata de un gánster, un traficante… En definitiva, es un auténtico hijo de puta, y no creo que regrese en la tercera temporada (es asesinado en el baño).

"En mi último rodaje para televisión, en Braquo, me asesinan en el baño"/ Photo Credits: Jesús Martín

"En mi último rodaje para televisión, en Braquo, me asesinan en el baño"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          ¿Y qué estás manejando para un futuro próximo?

–          Tenía un proyecto; pero, desafortunadamente, no lo voy a hacer al final. Me enteré hace unas tres semanas. Por lo tanto estoy muy triste, porque era un papel fantástico. Era la caracterización de un cabrón, de nuevo. Pero no comprendo muy bien por qué el director finalmente no me escogió… Se trataba de recrear la parte de Herman Göring (el lugarteniente de Hitler y jefe de la Lufwaffe), ¿sabes? Y en la obra éramos tres actores. No obstante, al final los responsables decidieron contratar a un alemán que hablase francés para interpretarlo, porque deseaban un verdadero acento germano.

–          Pero tú puedes expresarte en la lengua teutona sin problemas…

–          Sí. Yo soy capaz de imitar la manera de hablar de un alemán, y lo he hecho en algunas ocasiones. Pero deseaban nativos de ese país.

"Iba a hacer de Herman Göring, pero al final han cogido a otro"/ Photo Credits: Jesús Martín

"Iba a hacer de Herman Göring, pero al final han cogido a otro"/ Photo Credits: Jesús Martín

–          No obstante, uno de los mejores Göring encarnados en la pantalla fue el caracterizado por británico Brian Cox, en la miniserie Los juicios de Núremberg

–          Sí, es un gran intérprete y de hecho he visto su trabajo. Incluso preparé mi personaje viéndole. Aparte, era del mismo director que el de la miniserie de Napoleón (Yves Simoneau). Cox estuvo absolutamente brillante. Pero a él no le pidieron que extremara su acento alemán. (Vuelve a meditar sobre su oportunidad perdida con un deje de nostalgia)…Tenía mucho texto. No es justo, pero también puedo entenderlo.

En una imagen del filme "Un Barrage contre le Pacifique", película de Rithy Panh basada en un texto de Marguerite Duras, en la que Grass encarnó el papel del Padre Bart

En una imagen del filme "Un Barrage contre le Pacifique", película de Rithy Panh basada en un texto de Marguerite Duras, en la que Grass encarnó el papel del Padre Bart

Si el cine, el teatro y la televisión se nutrieran únicamente del talento, de esa extraña aleación química que hace que un actor entre en estado de trance sin apenas dejar constancia de su esfuerzo, solamente importando lo que un personaje puede transmitir -sin trampa ni cartón-: Vincent Grass (Bruselas, Bélgica, 1949) sería una de esas estrellas que acapararían portadas de revistas y reseñas en las secciones de espectáculos de los rotativos más destacados del planeta. Él es una muestra palpable de que la fisicidad interpretativa no tiene necesariamente que pasar por los salones de cirugía estética, ni que para desbordar la salvaje locura que conlleva la caracterización hasta los tuétanos se deba estar en permanente pose de excitación colectiva.

Durante sus años de estudios en la institución londinense Lamda interpretó obras como "The Plain Dealer", de Writcherley

Durante sus años de estudios en la institución londinense Lamda interpretó obras como "The Plain Dealer", de Writcherley

El arte que acredita este compatriota del genial hombre orquesta de la escena Frederik Varmelle -así como del dramaturgo Albrecht Rodenbach y de la musa hollywoodiense Audrey Hepburn- es de los que dejan el buen sabor de boca de las experiencias enteramente bañadas en la más absoluta credibilidad, siempre tocado con la varita casi mágica de la normalidad (palabra de anhelada connotación que todo aspirante a ponerse ante una cámara, o delante de un patio de butacas, ansía concitar). Y lo mejor de todo es que Grass ha cosechado este vino de sabias maneras -a lo largo de su fogueada carrera- con papeles muchas veces de apenas unas líneas, secundarios de sudada humanidad o bestial apariencia, que dan fe de la calidad atesorada por este “nice guy” de aspecto semejante -en sus fisuras cutáneas- a algunos de los genios de la industria audiovisual con acento francés y nostálgica ciudadanía, como los inmortales Michel Serrault y Jean Gabin.

A Vincent le van los personajes al límite, violentos y viscerales, como el de Pete de "Dernière Station avant le désert", según el libreto de Lanie Robertson

A Vincent le van los personajes al límite, violentos y viscerales, como el de Pete de "Dernière Station avant le désert", según el libreto de Lanie Robertson

Nacido en un país de escasa tradición cinematográfica, y contados alardes internacionales desde el punto de vista escénico (salvo algunas excepciones, como lo muestra el trabajo de Chantal Akerman, Agnès Varda, los hermanos Dardenne o André Delvaux), Vincent –quien en 1992 colaboró con Jean-Pierre y Luc Dardenne en el filme Je Pense à Vous- fue un niño educado para continuar la tradición familiar de naturaleza musical. Pero, sus sueños escapaban a los pentagramas y a las danzas clásicas -en las que sus hermanas despuntaron cual estrellas del ballet de altura-. Era la época de los cincuenta y comienzos de los sesenta, y Grass fue consciente desde muy temprana edad de que lo suyo era la actuación. Por lo tanto, a esa diosa de mil rostros y millones de almas dedicó sus esfuerzos profesionales.

A principios de los sesenta tocaba la guitarra en la banda Crash (en el centro), que hacía versiones de grupos como The Beatles

A principios de los setenta tocaba la guitarra en la banda Crash (en el centro), que hacía versiones de grupos como The Beatles

Entre cartones de nouvelle vague y rebeldía de mayo del 68, el belga veinteañero tomó la decisión de salir de su patria y dejarse amoldar por unos aires más cosmopolitas; ante lo cual fundó –junto a dos compañeros- una banda de rock que respondía al nombre de Crash. Guitarrero en esencia, el Grass moderno y de las patillas alargadas se empapó de letras en inglés, y de canciones al estilo de sus adorados The Beatles. La banda no tuvo muchas primaveras de existencia ni actuaciones en monumentales estadios de fútbol, pero su periplo sirvió para que el joven actor en ciernes manejara con mayor soltura el idioma de Oscar Wilde y George Bernard Shaw; lo que le animó a probar suerte en la escuela londinense Lamda (London Academy of Music and Dramatic Art). Allí, Vincent despuntó en los montajes estudiantiles de El rey Lear, de Shakespare; Woyzeck, de Büchner; o Los persas, de Esquilo. En todos ellos, el flamenco exhibió una capacidad de empatía con cada uno de sus roles de ficción que sorprendió a los asistentes a las funciones; unas revelaciones escénicas en las que había bastante de sus lecciones recibidas tras su paso por los escenarios belgas, en obras como Misterio bufo, de Darío Fo; o El castillo, de Franz Kafka.

Una de sus primeras apariciones en el cine francés fue en "La Provinciale", de Claude Goretta, con Nathalie Baye

Una de sus primeras apariciones en el cine francés fue en "La Provinciale", de Claude Goretta, con Nathalie Baye

De esta manera, después de recoger el diploma en la prestigiosa institución de la urbe del Támesis y volar de nuevo a su tierra; algo cambió en el interior de Vincent Grass, y ya no cabía la posibilidad de dar marcha atrás: el gusanillo de la interpretación había anidado en sus huesos y en su ánima, y nunca más iba a desprenderse de ellos.

Hizo de Guillaume Apollinaire en el musical "Et nos Amours..."

Hizo de Guillaume Apollinaire en el musical "Et nos Amours…"

Asentado provisionalmente en el suelo sobre el que se levantan los pilares de la nueva Europa, el titulado profesional de la actuación se dio cuenta de que no podía permanecer por mucho tiempo en una cuna demasiado deficitaria en cuestiones artísticas (teatrales, televisivas y cinematográficas, que no pictóricas, ni arquitectónicas, ni literarias, ni escultóricas).

Vincent brilló con su parte de Charley en "La muerte de un vajante", de Arthur Miller, que escenificó con Victor Lanoux (sentado a la izquierda)

Vincent brilló con su parte de Charley en "La muerte de un vajante", de Arthur Miller, que escenificó con Victor Lanoux (sentado a la izquierda)

La facilidad en el natural de Bruselas para coleccionar idiomas fue -en sus intenciones creativas- como una llave de apertura a ajenas culturas (dominaba el francés, el inglés, el holandés y se defendía en alemán). Pero el Viejo Continente pre-tratado de Schengen hacía difícil que alguien no británico pudiera trabajar con garantías en Inglaterra. Por este motivo, entre las salidas posibles que barajó, la de Francia se le antojó como el destino más acertado; sobre todo para alguien que anhelaba ganarse los garbanzos con la declamación de textos ante públicos diversos.

La facilidad para comunicarse en inglés ha permitido a Grass trabajar en series británicas como "Hornblower", donde encarnó al capitán Forget

La facilidad para comunicarse en inglés ha permitido a Grass trabajar en series británicas como "Hornblower", donde encarnó al capitán Forget

1975 fue el año en el que el otrora pupilo de Maurice Béjart recaló en París, con muchas metas que cumplir y contados padrinos que le fiaran audiciones sustanciosas. La city del Sena era un lugar plagado de oportunidades; aunque, para los que no se llamaban Alain Delon, Jean-Paul Belmondo o Jean-Louis Trintignant, era bastante complicado hallar algún árbol con merecidas longanizas colgando de sus ramas. Y Grass siempre fue consciente de ello. A tal efecto, comenzó a moverse por todos los terrenos de la actuación; sin importarle lo más mínimo si se trataba de papeles en películas, montajes teatrales, cortometrajes o series de televisión. Precisamente, la pequeña pantalla y los escenarios de cartón piedra contribuyeron a forjar el currículum de Vincent. Eso y colaboraciones episódicas en filmes del tipo de Le conscrit (Roland Verhavert, 1975) o el célebre largo bélico De Dunkerque a la victoria (Umberto Lenzi, 1979).

Aquí, como el arzobispo de París, en el filme "Le Roi Danse", de Gérard Corbiau

Aquí, como el arzobispo de París, en el filme "Le Roi Danse", de Gérard Corbiau

Los ochenta convirtieron al belga en un habitual de las pantallas de televisores y salas de proyección.  Seriales del pelaje de la producción británica Crossings (como Schmidt) o Las aventuras de Guillermo Tell (en la piel de Bailli) se multiplicaban en su historial, mezclados con cintas de mediática importancia como Mamá Drácula (Boris Szulzinger, 1980), Enigma (Jeannot Szwarc, 1983) o El complot (Agnieszka Holland, 1988). Junto a estos contratos, el ex componente de Crash comenzó una carrera en el doblaje que le llevaría -en décadas posteriores- a ser la voz en el idioma de Molière de Hugo Weaving, en Matrix, y de John-Rys Davies, en El señor de los anillos, entre otros hitos.

Su espíritu aventurero le llevó a particpar en proyectos incluso de factura canadiense, como la serie de televisión "Race for the Bomb". Es el que está sentado detrás más cercano al objetivo de la cámara

Su espíritu aventurero le llevó a particpar en proyectos incluso de factura canadiense, como la serie de televisión "Race for the Bomb". Es el que está sentado detrás más cercano al objetivo de la cámara

Los noventa transcurrieron por una senda similar a la ochentera, con Grass desgranando su talento para la caracterización en cintas del tipo de Pétain (Jean Marboeuf, 1993), Merci La Vie (Bertrand Blier, 1991) o Mi vida en rosa (Alain Berliner, 1997). Sin embargo; algo pareció moverse en la conciencia del buen gusto de los productores, con respecto a las dotes de Vincent con la llegada del nuevo milenio.

Su caracterización en el cuerpo del doctor Cornelius, en la superproducción de "Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian", le supuso interpretar su primer papel en un blockbuster

Su caracterización en el cuerpo del doctor Cornelius, en la superproducción de "Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian", le supuso interpretar su primer papel en un blockbuster

En la década de 2000, el actor ya se había convertido en una de las voces más celebres de la tierra de La Marsellesa, con trabajos tan recordados de doblaje como el de la serie norteamericana Fraggel Rock. No obstante, a él lo que más le continuaba atrayendo era actuar; mostrando su físico, con sus virtudes y miembros corporales puestos al servicio de una historia; de un personaje, con sus soledades y sus experiencias, con sus fracturas y debilidades… Sin tirar nunca la toalla, Vincent aceptó, por ejemplo, con los ojos cerrados cuando Roland Joffé requirió su presencia para Vatel (encarnó al padre de Martin en 2000) o en el instante en que el polémico Peter Greenaway le dio el visto bueno para hacer del progenitor de Isabella Rossellini, en Las maletas de Tulse Luper. Episodio 2 (2003). No obstante, la brevedad de estos roles causó algo de desilusión en las aspiraciones de reconocimiento del belga capitalino. Aunque el séptimo arte no iba ser tan injusto con este hombre portentoso en el terreno de la caracterización, como para negarle la mínima oportunidad. Y semejante alternativa le vino en forma de blockbuster hollywoodiense, con el papel del simpático y comprensivo doctor Cornelius, en Las crónicas de Narnia (Andrew Adamson, 2008). Grass bordó su parte, aunque le supo a poco después de que los focos de la promoción apagaron sus destellos.

El doctor Cornelius de "Las crónicas de Narnia" es uno de los pocos tipos "buenos" que jalonan su extenso currículum

El doctor Cornelius de "Las crónicas de Narnia" es uno de los pocos tipos "buenos" que jalonan su extenso currículum

Sin embargo, anteriormente a El príncipe Caspian, la pantalla grande ya le había regalado una pequeña golosina que llevarse a los labios. Fue en una colaboración limitada por el segundero, pero no exenta de una hondura de la que carecen muchas creaciones destinadas a los protagonistas. En concreto, Vincent Grass lució su aparente facilidad para meterse en la faz más oscura de un ser humano en la película Change Moi Ma Vie (Liria Bégéja, 2001); y los resultados fueron espeluznantes.

Sin embargo, Vincent se siente más cómodo interpretando a "real bastards", como el Pete de "Dernière Station avant le désert"

Sin embargo, Vincent se siente más cómodo interpretando a "real bastards", como el Pete de "Dernière Station avant le désert"

En un plano similar a su papel en la obra de Bégéja puede situarse uno de los más completos ejercicios de virtuosismo escénico que se le ha permitido ejercer al instructor de Caspian sobre un escenario. Arropado con un simple mono vaquero y unos calzones largos de color rojo, el intérprete belga volcó vitriolo con su encarnación del salvaje Pete, en la obra Dernière Station Avant Le Désert, de la dramaturga norteamericana Lannie Robertson (según la adaptación de Gilles Segal y la dirección de Georges Werler). Él y sus compañeros de reparto arrancaron la admiración del público congregado en el parisino Théâtre Cachan, del 12 al 16 de enero de 2010. Un experimento sobre las tablas que permitió al compatriota de Tintín convencer a los responsables de la famosa serie Braquo, para que le incorporaran en la piel de un sádico mafioso de origen flamenco, que hacía numerosas fechorías en la segunda temporada (de próximo estreno en Francia, en Canal+).

Actor de incuestionable y eficaz método, Grass es un todoterreno cuando se introduce en la psique de su rol

Actor de incuestionable y eficaz método, Grass es un todoterreno cuando se introduce en la psique de un rol

Décadas quemadas, lustro a lustro, han contemplado a Vincent Grass dándolo todo para poder subsistir haciendo lo que más le gusta: dotar de vida, voz, maneras y comportamiento a los más variados individuos, que surgen de los cerebros en ebullición de guionistas y dramaturgos. Tantos años peleando en la retaguardia le han hecho acreedor de esperanzar un futuro de escenarios y disfraces de camerinos; porque él nunca pugnó por plasmar una estrella en el Hall of Fame, sino simplemente por ser valorado en lo suyo, en la justa medida, sin las redes de los esteticistas del universo del espectáculo vendiendo paja y humo… siempre calzando el equipaje de personajes al límite, esforzados, profundos y desbordantes.

Los amplios conocimientos y recursos del actor belga cuando se sube a un escenario o se pone delante de una cámara reclaman papeles en los que pueda dar rienda suelta a su faz más emocional

Los amplios conocimientos y recursos del actor belga, cuando se sube a un escenario o se pone delante de una cámara, reclaman papeles en los que pueda dar rienda suelta a su faz más emocional