El traje a lo Vegas show, la sonrisa retadora, la cadencia de dulces embelesos dirigidos a las damas de cualquier edad y condición, y el toque clásico de los chicos formales de big band forman ya parte del atrezo de este treintañero canadiense, que llegó al estrellato por la perseverancia de los que piden deseos en Navidad. Si se tuviera que definir el estilo del de Burnaby a través de su lista de maestros idolatrados, probablemente la aguja probatoria se adheriría fuertemente a la melosa entonación de Dean Martin y de sus correligionarios; aunque el norteamericano, en su intento por mostrar el virtuosismo artístico que atesora, se empeñe en acercarse a los sones épicos de Frank Sinatra y a los eléctricos contoneos cordales de Elvis Presley. Con todo ello, pese a que la filosofía crooner se le antoje algo intrincada, el hijo del pescador de salmones ha logrado vender cantidades astronómicas de sus cuidadas obras, normalmente selladas con un milimétrico trabajo de producción sinfónica.

El nuevo álbum contiene diez versiones de temas clásicos, más cuatro de la autoría del norteamericano
Después de colar su compacto invernal Christmas (el más lucrativo de la historia con los villancicos como reclamo) en las listas de los pelotazos mediáticos, el chaval de las canciones intemporales regresa a la actualidad con el que es el quinto álbum de estudio en su carrera (eso si se prescinde de algún que otro intento independiente antes de firmar con 143 Records, directos disfrazados con mesas de mezclas y EP’s varios): un álbum bautizado con el sugerente mensaje de To Be Loved (justo como la homónima pieza lírica popularizada por Jackie Wilson, que el compatriota de Hayden Christensen se encarga de recrear con la consistencia de su etiquetado timbre).

En el disco, Bublé interpreta letras tan famosas como la de “To Love Somebody”, de los hermanos Gibb
Tales trazas de fisonomía metálica otorgan galones de amabilidad medioambiental a los catorce temas que componen el romántico fresco propuesto por Michael Steven Bublé (Burnaby, Columbia Británica, Canadá, 1975), pigmentos que exhiben la capacidad del vocalista para volar subido a un pop carente de aristas, cercano a un universo plagado de buenos sentimientos. Una pintura de suaves reflejos y estaciones conocidas en la que el marido de la actriz argentina Luisana Lopilato ejerce como donjuán tunero, vitalmente acompañado de versos construidos con gestos de obligatoria complicidad, y estribillos de los que pegan a la perfección con una noche playera de gratuidad salina, o con una jornada de seducción en una sala de fiestas de las de a 100 euros la consumición.

El título del disco hace referencia a una composición de Berry Gordy Jr, Gwendolyn Gordy Fuqua y Tyran Carlo
A tenor de las declaraciones de la propia estrella alumbrada en la otrora colonia de Gran Bretaña, To Be Loved es esencialmente un CD en el que la felicidad se convierte en la savia alimenticia de la totalidad de los tracks: de ella, es de la que extraen sus calorías tanto los diez títulos míticos que MB activa con su toque particular, como los cuatro cortes que ha elaborado en el estudio de grabación (con o sin ayuda de famosos colegas profesionales, bien en Vancouver o Los Ángeles). Y, para demostrar que lo del happy together proyectado no iba en broma, el responsable del laureado It’s Time (auténtico blockbuster de la industria musical) sacó al mercado el reivindicativo It’s A Beautiful Day (horneado en el cuaderno de Bublé, Amy Foster y Alan Chang) como avanzadilla del disco.
Pero esa tesis en torno al cromatismo de gradación a lo Pop Art no se queda simplemente en el single de lanzamiento, sino que vierte sus soleados rayos a lo largo de la extensión absoluta del compacto. Atmósfera primaveral que tiene su materialización por medio de antológicas letras del pelaje de To Love Somebody (verdadero homenaje a The Bee Gees, tras el triste fallecimiento del genial Robin Gibb); ritmos con reminiscencias a la Motown, resucitados por Who’s Lovin’ You (original de William “Smokey” Robinson); y acordes infantiles de lúdica incorporación, ejemplificados en el famoso You’ve Got A Friend In Me (la song de Randy Newman para la película Toy Story).
Al igual que en otras ocasiones, Bob Rock (el responsable de muchos de los hits de bandas como Bon Jovi y The Cult) ha sido el encargado de hacer posible la carga sentimental con la que Bublé vuelve a hacer las delicias de sus incondicionales. Una labor bastante intensa en la que el mencionado Robert Jens Rock ha conseguido involucrar a numerosos artistas de excepción, que corean con el muchacho de Mack The Knife muchos de los cortes ordenados en el álbum. Precisamente, en ese apartado de invitados al ágape amoroso que preside Michael cabe mencionar al también Canadian Bryan Adams (su inconfundible tono aparece en After All), a la pizpireta hollywoodiense Reese Witherspoon (quien verifica sus dotes ante el micro en Somethin’ Stupid) y a Naturally 7 (cuya comparecencia se efectúa con Have I Told You Lately That I Love You).
Más información en http://www.michaelbuble.com





















