
“El concierto”, 1510- 1511/ Florencia, Galleria Palatina di Palazzo Pitt/ Photo Credits: Ministerio per i Beni e le Attività Culturali
Hasta Velázquez, en las horas oscuras de épocas barrocas emborrachadas de realeza, envidió la pincelada sobrehumana del venerable veneciano de la barba de algodón: el ilustrador de membrana isleña que amó con pasión de caballete, y en igual medida donjuanesca, a la sensual Dánae y a la Venus de Urbino. En las jornadas en las que el creador de Las Meninas se quedaba a solas con los pigmentos aéreos y extasiados del transalpino, la mente del sevillano corría pareja a las gestas insondables de Carlos I de España y V de Alemania, mientras la locura tomaba signos de tristeza mortuoria bajo la Cruz en la que Jesús de Nazareth se sacrificó por el mundo. Un viaje multidisciplinario para el que el mencionado artista español tan sólo necesitaba aposentar la retina frente a un lienzo.

“Retrato de Pablo III”, 1543, Nápoles, Museo di Capodimonte/ Photo Credits: Fototeca della Sopintendenza Speciale per il PSAE e per il Polo Museale della città di Napoli
Perfección hecha de atmósfera y luz, anatomía compuesta de color y fuelle alumbrado en la fragua de la belleza: tales elementos conformaron la obra de Tiziano Vecellio (Pieve di Cadore, Venecia, 1485 aproximadamente- Venecia, 1576), ingredientes heroicos que la encumbraron a una maestría sin precedentes, capaz de rivalizar incluso con las proyecciones renacentistas de genios de portentoso pulso, como Rafael, Leonardo, Giorgone o Botticelli. Una carrera de ocres turbadores y fondos de negrura definitoria, de azules celestiales y rojos extraídos a los labios de diosas y ninfas de escrupulosa magnificencia, que recupera sus fastos de embajadora universal a través de la exposición que las Salas de las Scuderie del Quirinale (ubicadas en Roma) dedican, desde el 5 de marzo, a este espíritu inmortal de los cuadros hipnotizadores y las escenas imperecederas.

“Flora”, 1517, Florencia, Galleria degli Uffizi/ Photo Credits: Ministerio per i Beni e le Attività Culturali
Cuando la institución de la Ciudad Eterna clausure el próximo 16 de junio la muestra del vecino de la Plaza de San Marcos, el público que haya asistido a sus instalaciones tendrá una idea más clara de los logros de este mago de pictórica sabiduría; un hombre de aspecto enjuto y disciplinario, que supo como pocos extraer la ternura comprensible del Cristo torturado y lacerado por los metales armamentísticos romanos, a la vez que domesticó sus sentidos para imaginar el rostro de una María Magdalena con fuego de redención en el iris y rubor femenino en su abundante cabellera. Sin por ello dejar de atreverse a desplegar su talento por los terrenales vergeles del paisajismo local, o regar la artesanía facial de su tiempo con algunos de los mejores retratos en la historia de las pinceladas con ánimo de perdurabilidad.

“La bella”, 1536, Florencia, Galleria Palatina di Palazzo Pitt/ Photo Credits: Ministerio per in Beni e e Actitività Culturali
Homenaje esperado
Pilar más que sustancioso de la cultura del País de la Bota, Tiziano comparece en este año de tecnologías sociales -y anemia en la singladura relacional de los individuos- con la profundidad analítica que le otorga el comisario Giovanni C. F. Villa; quien no ha escatimado esfuerzos y tesón para reunir muchos de los trabajos más celebrados del vástago de militar con augusta raigambre en los campos castrenses del siglo XV. Fogosidad materializada en el deseo de envolver en un mismo propósito a las más importantes colecciones del planeta, y cuyos frutos han dado como resultado la implicación sin medias tintas de museos tan estelares como El Prado madrileño, la National Gallery de Londres, la Galería de los Uffizi de Florencia o el Palazzo Pitti.

“Virgen y Niño en la gloria con los santos Francisco y Blas, y el donador Alvisse Gozi”, 1520, Ancona/ Photo Credits: Pinacoteca Cività Francesco Podesti e Galleria d’arte Moderna
Neófito o experto, cualquier espectador que pasee su mirada por los regios salones del centro expositivo se quedará estupefacto ante la serenidad de armonioso contexto que promueve El concierto, la violencia tormentosa de Dánae recibiendo la lluvia de oro, el suntuoso misterio de Carlos V con su perro o la aquiescencia con sabor a manzana edénica de Flora. Un rumor de oleaje y tinturas en el que los claroscuros y las líneas difuminadas de los diamantes carnosos evocan sonoridades diversas, y retrotraen la memoria colectiva a lecturas enriquecedoras sobre las visiones de mentores del natural de la urbe de los canales, como Giovanni Bellini, y colegas de huella dactilar y soluciones cromáticas similares, como Giorgone.
Y, mientras los siglos pasan y los barnices adormecen sus espátulas de brillos neuróticos, Velázquez continúa admirando lo imposible, la manera de pintar sin que se note, de fantasear sin cerrar los párpados, de crear sin bocetar a los sujetos y las secuencias, de enlatar la existencia sin que el marco encorsete las texturas. Un ensimismamiento más que contagioso y nunca censurable, en el que también cayó otro de los mayores talentos de los pinceles y las telas: el excelso Rubens.

“Dánae recibiendo lluvia dorada”, 1544- 1545, Nápoles, Museo di Capodimonte/ Photo Credits: Fototeca della Soprintendenza Special per il PSAE e per il Polo Museale della città di Napoli
Tiziano aumentó su fama, si cabe, con semejantes admiradores; aunque, para concretar sus alas de mimbres infinitos, ya se bastó con su paleta y unas manos que desbordaron aguafuerte de ambrosía por un Viejo Continente que rozó, en esos momentos de Edad Moderna, la perfección edulcorante de las imágenes irrepetibles.
Más información, horarios y entradas en
http://www.scuderiequirinale.it










































































