Ni por agua ni por fuego, ni siquiera por la locura irracional de algún dictadorzuelo con botón nuclear a mano. Cierre los ojos e imagine que el apocalipsis llega por la falta de recursos naturales; y, por añadidura, de combustible con el que calentarse, encender las bombillas o echar gasofa al coche. Ese panorama de futuro desolador es el que imaginó en 1979 el realizador australiano George Miller (Chinchilla, Queensland, 1945), en una película que marcó época en el cine de ciencia-ficción, a base de mucho asfalto agrietado, extensiones desérticas y diálogos escasos. El éxito del filme llevó al creador con cámara al hombro a exprimir la historia a lo largo de dos títulos más, echando el cierre en 1985. Transcurridos veintiocho años, el grabador de El aceite de la vida y Las brujas de Eastwick regresa a su franquicia más admirada (con permiso del cerdito Babe y de los marchosos pingüinos de Happy Feet) con la cuarta entrega del serial empapado en grasa de motor: Mad Max.
Fury Road es el título escogido para esta aventura en pleno siglo XXI del personaje que lanzó a la fama internacional al oceánico de adopción (estadounidense de nacimiento) Mel Gibson. Para una cita tan especial, Miller se ha rodeado de un equipo de guionistas sumamente eficaces, en la tarea de imaginar un planeta asolado por la violencia y la desnutrición humana. Un escenario de regresión al primitivismo, pese a estar fechado más allá de 2013. Este team de escritores responde a los nombres de Nick Lathouris y Brendan McCarthy (el último de ellos es un diseñador de cómics en Reino Unido, que impactó al mercado editorial con su obra Freakwave, inspirada en la segunda parte de Mad Max).
Con un presupuesto lo suficientemente holgado como para usar sin restricciones la tecnología en 3D, y rodaje consumado en Namibia por similitud bastante exacta con las imágenes que Mr. George tenía sobre la fisonomía geográfica del largometraje, esta cuarta pieza del puzle no ha podido contar en el reparto con el actor original de la saga. Gibson, últimamente perseguido por las decisiones no muy triunfalistas de cara a la taquilla, se desmarcó del proyecto casi desde la gestación del mismo; siendo sustituido en el papel del motorizado héroe por el inglés Tom Hardy (en un principio, y antes de su trágico fallecimiento, se pensó en Heath Ledger, para tomar el relevo de la estrella de Braveheart).
Así, el alter ego del malvado Bane de Batman se embute en la chupa encuerada de Max Rockatansky, para intentar sobrevivir en un planeta inhabitable por las bandas de delincuentes, que circulan a velocidades de vértigo por las carreteras con el fin de descuartizar, violar, asesinar y aniquilar cualquier atisbo de civilización que queda medianamente en pie. En medio de esa escalada de destrucción masiva, Imperator Furiosa (encarnada por la sudafricana Charlize Theron) ejerce su reinado con mano de hierro y poses seductoras. Como si fuera un guiño a la Aunty Entity de Tina Turner (que efectuó la cantante de Simply the best con determinación y ambivalencia roquera en Más allá de la cúpula del trueno), esta malvada de espectaculares medidas da la oportunidad a Charlize para recrearse en el lado salvaje de la existencia: juego de sombríos tonos que ya experimentó, con notables resultados, en la piel de la madrastra de Blancanieves y la leyenda del cazador.
Pero un tándem de sex symbols del lustre del duro Hardy y la esbelta Theron necesitaba un punto de equilibrio de características, si cabe, algo más ingenuas y vulnerables. Y ese rol le ha caído en suerte al inglés Nicholas Hoult. El campesino de Jack el caza gigantes toma con decisión este regalo profesional para apuntalar su tirón cinematográfico; en este caso dentro del pellejo de un chaval al que le persigue el infortunio, un chico bautizado como Nux.
Una vez se estrene Fury Road muchos pensarán que pocos pueden hacer olvidar a Gibson en una de sus caracterizaciones más sorprendentes (por cierto, Miller ni confirma ni niega la inclusión de un anhelado cameo del poli de Arma letal); pero siempre es agradable reencontrarse con argumentos que en el pasado generaron, cuanto menos, la emoción desatada de millones de espectadores (aparte de propiciar el alumbramiento de un grupo de cintas de similar temática, entre las que sobresalió The Last Chase, dirigida en 1981 por Martyn Burke, e interpretada por Lee Majors y Burgess Meredith). Aunque, según palabras del propio GM, el look de esta tesela en formato de celuloide esté más cercano a los ropajes de la nipona Akira (Katsuhiro Otomo, 1988), que a los pantalones campana y las patillas setenteras de antaño.
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