
“The Canyons” es el título en el que el director de “American Gigolo” y el autor de “Lunar Park” trabajan juntos
En la década de los setenta, la necesidad de enlazar palabras en guiones de acero y fuego, pasión y rebeldía, cuajó en el teclado del responsable de las historias de Taxi Driver y Yakuza. A través de las frases insomnes y explosivas que el escritor cinematográfico, nacido en Michigan, ideó para amigos como Martin Scorsese o Brian de Palma se empezó a forjar una de las carreras más sólidas dentro del Hollywood percibido a través de carreteras polvorientas, de caminos adecentados con los vómitos de los perdedores, de callejones oxidados en nocturnidad entre lubricantes inidentificables y pastillas de placer inmediato. Paul Joseph Schrader se erige así como uno de los últimos pilares de un tiempo pasado de continua inspiración a golpe de cámara, época de indies de filosofía contestataria que llenaban con sus discursos visuales las salas de arte y ensayo (hoy en día canibalizadas por multicines rebosantes de palomitas y snacks).

La historia del filme está basada en un guion original redactado por el novelista de “American Psycho”
Sin abandonar casi ninguno de sus genes vestidos con pantalones de campana y camisas floreadas, el hombre que firmó American Gigolo regresa a la actualidad taquillera con una nueva obra de cuño más que atractivo: un largometraje titulado The Canyons, que rueda en estos meses veraniegos avalado por el libreto diseñado para la ocasión por el novelista de culto Bret Easton Ellis.
No es extraño ver al autor de American Psycho en el papel de colaborador en un proyecto en formato de celuloide. Aunque lo que sí puede llamar la atención del personal es que en este caso el filme no se basa en un texto publicado a priori por el líder de la Generación X en USA; sino que el argumento y las situaciones han sido elaborados exclusivamente para la movie del realizador de sesenta y seis años.
Colindante en aspectos existenciales con títulos en la producción de Ellis como Glamorama, la historia sigue de cerca a un grupo de jóvenes de unos veinticinco tacos, que habitan en Venice, edén con código postal de Los Ángeles. En medio de ese aparente oasis de dinero y coches con carrocerías de varios millones de dólares, los protagonistas se abandonan con frenesí al hedonismo de una contemporaneidad vacía; en la que las diversiones químicas y etílicas sustituyen a las meramente relacionales, humanas y sin redes proporcionadas por camellos cargados con polvos blancos.
La unión entre Bret Easton Ellis y Paul Schrader ha sido buscada por ambos, y el resultado parece que está dando frutos libertarios ajenos a lo que la industria audiovisual estadounidense exige, sobre todo en cuanto a los productos destinados a nutrir la cartelera. Con la meta de mantener esta norma de alejamiento de los corsés de flagrante conservadurismo, la entrada de Lionsgate en el proceso de desarrollo de la obra contribuyó a proteger los márgenes creativos programados; plan de acción que impulsó igualmente la inclusión en el equipo del ejecutivo Braxton Pope. Amparado en este holding empresarial, el veterano cineasta alumbrado en Grand Rapids ha podido sentirse plenamente satisfecho en cuanto a respetar hasta la letra pequeña del guion del literato, en el que el rigor y el verismo combaten en cada palabra y secuencia contra la insensata censura, que vela -mediante silencio y eufemismos- por el mantenimiento de los paraísos artificiales.
Tales ejes descriptivos hacen que The Canyons se haya convertido en una especie de isla en el universo del Séptimo Arte made in Hollywood, en el que los efectos especiales suelen sustituir la contundencia de los mensajes desilusionantes relativos a una sociedad que padece la crisis de los excesos, y que sucumbe ante la inexistencia de suficientes anclajes como para evitar la caída al abismo. Como representantes profesionales de ese mundo de lujo y pobreza moral, el elenco escogido por Schrader se compone de un puñado de nuevos rostros, entre los que destaca el de Lindsay Lohan (Nueva York, 1986). La falsa monja de Machete, catalogada frecuentemente como el más reciente juguete roto por la parafernalia mediática que suele envolver al ecosistema construido a base de fotogramas, encabeza un cuadro escénico en el que también tienen actuaciones importantes James Deen, Nolan Gerard Funk, Amanda Brooks, Tenille Houston y Jim Boeven.

Los protagonistas del filme de Schrader subsisten en California, como los adolescentes de la serie “Sensación de vivir”
La presencia en las taquillas del ingenio del responsable de American Gigolo es siempre un incentivo para un circuito de exhibición que languidece con asiduidad de apuestas medianamente artesanales. Por lo menos, los jefes del reconocido creador de The Canyons no le han castrado esta vez su trabajo de realización; algo que le pasó con su versión desestimada de la precuela de El exorcista: cinta bautizada con el nombre de Dominion.

























