
El museo valenciano alberga, hasta el próximo 28 de octubre, una muestra sobre los últimos trabajos del artista irlandés
Los colores son como universos concentrados, en los que se pueden atisbar profundidades abisales, amaneceres clarificadores, crepúsculos desintegrados y nocturnidades asociadas con la destrucción y la desnudez. Pocas realidades son tan planas como los vistazos carentes de imaginación, esas miradas despersonalizadas en las que los bloques pintados están divorciados de las envolventes atmósferas pretendidas por el artista. Mark Rothko luchó contra esa concepción limitada del lenguaje expresivo, que perjudicaba seriamente a todo lo relacionado con la abstracción. Un camino que sigue voluntariamente el irlandés de las líneas matriarcales, de los fondos monocromos que se erigen como auténticos protagonistas, de los lienzos devenidos en historias intimistas sobre el ser y estar del individuo, solamente protegido por una brocha, un pincel o una espátula…
Como fiel defensor de esa libertad iconográfica, el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) recoge desde el pasado 26 de julio –y hasta el 28 de octubre- una extensa representación del trabajo del dublinés Sean Scully, obras de fragua sensitiva, en cuyo horno creó su serie Doric (un grupo de imágenes de tamaño monumental que el pintor realiza desde 2008 a la actualidad) este peculiar minimalista y autónomo generacional. Cobijado en su estudio de Mooseurach (en la vecindad boscosa de la Baviera muniquesa), el heredero confeso de Henri Matisse desarrolló todo un conjunto de inspiración sensorial, en el que los laberintos hablan de selvas vírgenes, de humanidad en perpetuo estado de transformación, de miseria y salvación, de degradación y de elevadas ambiciones espirituales.
La aparente austeridad con la que el graduado en las universidades de Harvard y Newcastle arropa cada una de sus piezas revela la pasión excesiva que el creador muestra hacia el contraste permanente de formas, la artesanía como antídoto a la manufacturación crematística de la plástica, la diversificación de los matices temáticos y la esencial concordancia entre la materia manipulada y las variaciones lumínicas.
Mientras el ávido visitante pasea por las salas de la institución valenciana, es posible que llame su atención la capacidad del compatriota de James Joyce para sacar la máxima información dramática y vivencial de los tonos que engalanan sus cuadros y murales. En este sentido, es especialmente significativo el apego de Scully hacia la oscuridad, a base de tonalidades cegadoras que no presumen de opacidad, sino que se abren ante la retina del espectador como referencias ineludibles a algunas de las páginas inmortales de la historia del Arte. Esos “negros suntuosos”, como los llama el propio pintor, rezuman emulsiones profesionales hacia la inspiración de los genios españoles del Barroco, en concreto a las gamas de tenebrismo militante que exhibió en sus escenas el inigualable Francisco de Zurbarán.
Pero no sólo el black preside las teorías del dublinés, ya que los blancos, los amarillos, los ocres, los azules, los rojos… diseñan una paleta en la que el inventor isleño de contornos y rellenos filosofa sobre el estado del planeta, de la civilización, de sus congéneres. En esa exploración por reproducir la grandeza de un arcoíris imaginario, don Sean Scully sustituye incluso la naturaleza apremiante del lienzo por una superficie más acorde con su búsqueda visual; dando origen a lo que él llama Alu-Dibond (material compuesto por dos hojas de aluminio y una capa central de polietileno). A través de este producto innovador, el heredero de la cultura celta logra someter la cadencia de su propuesta plástica al ritmo hipnotizador de una sintonía de jazz.
Junto a la serie Doric, el IVAM también presenta –como prólogo ilustrador de la muestra- una completa selección de las acuarelas del seguidor de Piet Mondrian y aprendiz de tipógrafo, secuencias de turismo de rapsoda tomadas en la isla griega de Simi (generadas durante un periodo vacacional a mediados de los ochenta). Allí, el capitalino dio rienda suelta a sus obsesiones por escenificar un espacio destinado al pensamiento, la luz, la poética del paisaje y el crecimiento. Todo ello reflejado mediante elementos arquitectónicos y ventanas alumbradoras de una libertad añorada, deseada, mitificada… y abstracta.
Más información, horarios y dirección en http://www.ivam.es/exposiciones/2921-doric-sean-scully















































































